EE.UU. tiene millones de barriles de petróleo: ¿cómo afecta al mundo?

A 1.200 metros de profundidad, Estados Unidos tiene enterrados 698 barriles de petróleo en unas cavernas de sal. Estos barriles serían suficientes para bombear desde las profundidades la solución para la crisis global, pero también para eventualmente cerrar el grifo y negar al mundo el combustible que lo mueve hace más de un siglo.

Desde el 2010 Estados Unidos comenzó a realizar fracking en su territorio para llegar a las mayores profundidades de la tierra y encontrar gas y petróleo, de esta manera dejaría de ser un importador y pasar a convertirse en uno de los países que mayor petróleo produce en el mundo. No es desconocido que Estados Unidos ya ha causado varias guerras con diferentes países por el tema petrolero, Kuwait en 1991, Irak en 2003 y Libia en 2011.

El país gobernado por Donald Trump ya no es un actor pasivo ante las crisis petroleras, como la que se desató esta semana, por los ataques a la mayor refinería del mundo en Arabia Saudí el pasado lunes, cuyos actos se le atribuyeron al grupo de rebeldes hutíes de Yemen, de su principal enemigo Irán. Por esta razón los precios del petróleo se dispararon a niveles solo vistos desde la Guerra del Golfo en 1991.

Como represaría al apoyo de Estados Unidos a Israel, la Organización de Países Exportadores de Petróleo declaró un bloqueo a la venta de petróleo a Estados Unidos en 1973, lo que causó un alza excesiva en el precio del petróleo que enriqueció a países productores y obligó a racionamiento a las potencias occidentales.

Es por esto que EE.UU. ha guardado esta cantidad de barriles de petróleo para garantizar su seguridad energética, ha prohibido la exportación y además desde 1977 viene preparándose para tener el depósito de emergencia más grande del mundo. Según el analista experto en Medio Oriente, Hasan Turk, la política petrolera de EE.UU. es ser el último en quedarse sin petróleo, consumir el de otros países y conservar el suyo para el futuro, de esta forma no depender de la producción y venta de otros países.

Es por esto, que mientras se pronostica el fin de la era del petróleo y comienza a realizarse el cambio en las fuentes de energía, el país norteamericano se ha asegurado, en un juego monopolizado por los hidrocarburos, de ser el que ha de quedarse con el poder absoluto.

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