Guayaquil: Nueva sede de gobierno y la crisis continua

Desde que el estado de excepción en Ecuador fue declarado y puesto en acción por parte del ejecutivo debido a las protestas sociales que han degenerado en actos violentos y vandálicos, las movilizaciones han venido en aumento en todo el país, rechazando las medidas económicas tomadas por el presidente Lenin Moreno.

El mandatario ha realizado el cambio de la sede de gobierno según las prerrogativas que, como jefe de estado la constitución le otorga, pero ¿Por qué realiza este acto tan cobarde? Debería asumir su responsabilidad política frente a las manifestaciones que se están dando a nivel nacional y debería escuchar al pueblo ecuatoriano, no seguir la retahíla de ataques del castro chavismo y la izquierda, que suena a pura propaganda de la barata.

Con su discurso de que los actos de vandalismo y saqueos en las distintas manifestaciones quiere deslegitimar la protesta social argumentando que se está rompiendo el orden democrático que tanto dice defender pero que ataca al seguir los lineamientos en términos de política fiscal y monetaria que adelanta el FMI para el país.

Acusa a Rafael Correa sin pruebas fehacientes de estar detrás de la desestabilización utilizando como caballo de batalla el movimiento indígena, como es típico en cualquier mandatario ante las crisis de este tipo, agradece por reprimir a la población a las fuerzas armadas y la policía, pero estos estamentos solo siguen sus órdenes.

Hipócritamente habla de salvaguardar los principios democráticos, pero deslegitima el derecho a la protesta y avala su decisión de política económica sugerida por organismos internacionales, llama al dialogo a los sectores sociales, pero no da la cara; y agradece a la minoría empresarial que es la única feliz con este tipo de reformas. El señor Lenin Moreno representa la traición a un proyecto de nación soberana y esto el pueblo ecuatoriano no se lo va a perdonar jamás.

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