Exministra de Cultura y Ministra de Ciencia hablan sobre erradicar el racismo

Carmen Inés Vásquez Camacho, es la exministra de Cultura de Colombia y la segunda mujer afro que llegó a esta cartera. Actualmente el mandatario nombró a la ministra Carmen Vásquez como la nueva embajadora de Colombia en Uruguay. Es abogada y tiene 57 años.

‘Lo afro no se conoce en su profundidad y valor’

-¿Por qué seguimos siendo un país racista?

-El racismo tiene sus raíces en la memoria de nuestra nación, que tal vez rememora las condiciones en las que las personas africanas llegaron a este continente: sin derechos y sin libertades. La falta de reconocimientos a nuestra población y comunidades deviene de ese constructo sociológico de ‘lo negro’ como inferior, que persiste. Lo afro no se conoce en su profundidad y valor. Se dice que rechazamos y tememos lo que no conocemos, entonces, es hora de hacer todo lo posible por derrumbar ese paradigma.

-¿Cómo hay que luchar contra el racismo? ¿Cómo lucha usted?

-Los paradigmas son como las utopías, que merecen ser vividas o destruidas, y la negritud, como paradigma, es una asignatura que debe ser prioridad, no solo en las familias y en las comunidades, sino en las aulas escolares donde la historia aún la cuenta el cazador y no el tigre.

Los niños y niñas deben aprender que las diferencias por el color de la piel y el fenotipo de las personas afrodescendientes son fortalezas en un país que en su Constitución declaró que somos un país diverso, multiétnico y pluricultural.

Mi invitación es dejarse llenar de ese espíritu de solidaridad, cariño, amor y compromiso, que son los ingredientes que más identifican la cultura afro. Es necesario reconocer que los afrodescendientes y sus comunidades han hecho grandes aportes para la construcción, el fortalecimiento y desarrollo sostenible de este país.

-Desde su cargo, ¿Qué quiere decir en contra de ese racismo que doblega y quita oportunidades?

-Hay una creencia común de que el racismo lo naturaliza el Estado y a eso se le llama racismo estructural, es decir que desde las instituciones no se brindan las oportunidades y herramientas para el cierre de las brechas que impiden a las comunidades, poblaciones y personas afrodescendientes su avance como el resto de la población.

Que dos mujeres negras estemos ocupando carteras en el alto gobierno de Colombia es un referente muy evidente de que en este momento histórico, en que los paradigmas están meciéndose para ser derrumbados en el tema afrodescendiente, este país va rumbo a disminuir las brechas que han obstaculizado los avances y desarrollo de las comunidades negras, afrodescendientes, raizales y palenqueras.

-En su casa y familia, ¿qué es ser afro?

-En mi casa materna ser afro era un orgullo. Crecí con formación en principios y valores de solidaridad y trabajo con alegría. La música fue parte de la vida en familia y se mezclaba con raíces indígenas, que también hacen parte de mi linaje.

El arraigo por el territorio y lo que significa en todo el sentido de la palabra: gastronomía, música, danza, tierra, familia extendida, oralidad, costumbres, amor por el trabajo, respeto por los demás y reconocimiento de lo valioso por el ser humano, solo por el simple hecho de ser humano, permearon mi vida para siempre. Soy todo lo que representa para mí ser una mujer afrodescendiente.

-¿Cuál fue ese primer momento en el que hubo un choque con alguien o algo que la hizo sentir diferente?

-Salir de Buenaventura, mi entorno cómodo, seguro y protector, fue un choque; comencé a darme cuenta de que nuestra gente tenía muchas dificultades que sortear fuera de nuestros territorios afro, en donde la vida transcurría en medio de la fraternidad propia de nuestra cultura.

-Un momento en el que ha sentido la necesidad de luchar más porque esa diferencia no tenga sentido.

-Siempre he sentido la necesidad de luchar por los derechos humanos y contra cualquier tipo de discriminación. Esta ha sido una necesidad latente a lo largo de mi vida personal y profesional, y en estos propósitos me he enfocado convirtiéndolos en derroteros de todas mis acciones.

-¿Cómo ha asumido el reto de propender por su comunidad?

-Lo llevo tatuado en el alma, estoy convencida de la igualdad de los seres humanos y sé que la única manera de que tengamos paz es cuando todos reconozcamos la justicia y el desarrollo como herramienta de avance sin diferencias.

‘Hay que parar la estigmatización’

Mabel Torres Torres es bióloga y científica de la Universidad del Valle, y ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación.

-¿Por qué seguimos siendo un país racista?

-Porque no hemos tomado conciencia. Somos un país de élites en el que seguimos un patrón universal que ha menospreciado y subvalorado las comunidades étnicas como una manera de controlarlas. Porque le hemos dado más importancia a las cosas materiales que nos impiden conocer al otro como persona e igual. Necesitamos avanzar en disminuir brechas de inequidad y mejorar las relaciones sociales desde una posición horizontal.

-¿Cómo hay que luchar contra el racismo? ¿Cómo lucha usted?

-Hay que seguir trabajando con las comunidades étnicas en la construcción de identidad y admitir y ser conscientes de que hay un problema de discriminación en Colombia. Una de las maneras más activas es hacer pedagogía y confrontar las acciones racistas. Igualmente, hay que visibilizar los aportes de las comunidades étnicas al país, poniéndolos en su justo lugar, para que las personas que discriminan no sigan naturalizando el racismo. Y ya es hora de dejar de asociarnos con robo, miseria y corrupción. Hay que parar esa estigmatización por nuestro color y apariencia física.

-Desde su cargo, ¿qué quiere decir en contra de ese racismo que doblega y quita oportunidades?

-Una sociedad racista solo se hace daño a sí misma. Los efectos de la discriminación no los reciben solamente los discriminados, también los discriminadores de manera directa, pues una persona discriminada genera resistencia, rencor, resentimiento. Las acciones siempre se devuelven, y por eso debemos ser conscientes del desequilibro que se genera en los ecosistemas y de los que todos somos víctimas.

-En su casa, en su familia, ¿qué es ser afro?

-Mis padres siempre nos transmitieron ese orgullo por lo que somos. Era constante que nos dijeran que los negros somos pujantes, estudiosos y privilegiados de estar en un territorio que nos daba todo (Bahía Solano, donde nació). Ser negros ha sido lo mejor que nos ha pasado.

Cuando pienso en mi crianza veo que nos enseñaron y prepararon para ser fuertes a situaciones e incluso a un sistema que nos señala. Mi papá nos decía: “Tienen que estudiar porque no van a ser esclavos de nadie”. La familia es vital para reconocernos, percibirnos y aceptarnos como somos, y no como los demás nos definen.

-¿Cuál fue ese primer momento en el que hubo un choque, con alguien o algo, que la hizo sentir diferente?

-Uno no reconoce las acciones de discriminación hasta que no sale del entorno en el que vive. En el Pacífico todos somos iguales. Mi primer choque fue cuando salí a estudiar a Cali, a los 15 años, y no sé si al principio, quizás por seguridad y amor propio por mi raza, no sentía esa discriminación. Pero un día iba con una amiga en un bus y pasamos por el Distrito de Aguablanca, donde se asentaba la mayor población afro del Pacífico. Ella, aún no entiendo por qué, expresó: “¡Qué montón de negros!” y le dije: ¿Se te olvida que yo también soy negra? A lo que respondió: “No, vos no sos como ellos”. Ahí entendí que en Cali existían claras categorías raciales.

-Un momento en el que ha sentido la necesidad de luchar más para que esa diferencia no tenga sentido

-La he sentido más en los últimos años, cuando reconocí el valor que tiene luchar por los demás y la recompensa que esto genera como sistema, pues a pesar de haber hecho una inversión tan grande en mi educación: pregrado, postgrado, doctorado y postdoctorado, las poblaciones siguen igual. No son los títulos individuales ni los triunfos individuales los que logran las grandes cosas. Ese ha sido un motor para continuar trabajando.

-¿Cómo ha asumido el reto de propender por su comunidad?

-He estado construyendo un referente poco a poco, y desde hace muchos años, para que las niñas negras de mi región se piensen y valoren desde su identidad como negras, a pesar de los obstáculos.

Siempre he tratado de ser muy buena en todo lo que hago. Le di espacio a dar lo mejor de mí siempre, en la danza, en el basquetbol, en la academia y en la ciencia. Siempre he sido una activista social para crear espacios y romper brechas. He tenido una carrera académica, científica y profesional exitosa, que me han hecho valorar cada día más mi región y los saberes ancestrales y locales como activos para la construcción de estrategias de desarrollo. Ha sido un tiempo para aprender y construir desde la horizontalidad, que incluye la participación de los actores locales.

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