Minería de cobre en Antioquia traería cerca de 6 billones de pesos en regalías al Estado

De lograr los permisos requeridos por la ley, el proyecto Quebradona, ubicado en Jericó, Antioquia, se convertiría en la mina subterránea más moderna del país y de la región. Su explotación traería cerca de 6 billones de pesos en regalías al Estado.

La historia de Antioquia va de la mano con la minería. Desde la colonia hasta nuestros días, la explotación de minerales ha sido una de las bases de la prosperidad y desarrollo de esta región y se podría decir que, en gran medida, el poblamiento de esas tierras ocurrió por la búsqueda de oro. A finales del siglo XVI aparecieron los primeros distritos mineros en Santafé de Antioquia (noroeste) y Cáceres, Remedios y Segovia (nordeste), que llegaron a producir casi la mitad del metal precioso de toda la Nueva Granada. Un siglo después, se descubrieron yacimientos hacia el suroccidente y surgieron poblaciones como Medellín.

Alrededor del oro se formaron circuitos económicos en los que, hacendados y comerciantes, al abastecer de comida, ropa, utensilios y licor a las minas, amasaron grandes fortunas. En el siglo XIX ese capital fue utilizado para financiar otras aventuras comerciales e industriales. Por ejemplo, los dueños de El Zancudo, en Titiribí (suroeste), la mina más grande de ese momento en Antioquia, invirtieron en la construcción de caminos y el transporte de fluvial. Y en las primeras décadas del siglo XX las ganancias producidas por el oro y el café permitieron que Colombia entrara en la industrialización. A su vez, la actividad minera contribuyó a que Antioquia se volviera un epicentro de la educación en ingeniería con la fundación de la Escuela de Minas en 1887.

Esa tradición histórica continúa, a la que ahora la compañía sudafricana AngloGold Ashanti (AGA) quiere sumarse con sus dos proyectos mineros en Gramalote y en Jericó. Este último dedicado a la explotación de cobre en la mina Quebradona. De acuerdo con el gerente de Asuntos Corporativos e Innovación de AGA, Juan Camilo Quintero, la historia de la presencia de la compañía en Antioquia comenzó en los primeros años de la década de 2000, “un momento en el que el país y el departamento pasaban por una difícil situación de orden público, aun así, decidimos involucrarnos en un proyecto de exploración minera porque creíamos que podríamos contribuir en el desarrollo y progreso de la región, convicción en la que aún nos mantenemos”.

La empresa llegó a Jericó en busca de oro, sin embargo, los resultados de los estudios arrojaron que el mineral predominante era el cobre. Entre 2006 y 2015, se hicieron más de 120.000 metros de perforaciones en distintas partes de la zona alta del municipio para determinar el tipo de mineral, el tamaño, la profundidad y la forma del yacimiento. “Los miles de metros perforados en los estudios no solo nos permitieron establecer con exactitud la cantidad de cobre y la localización exacta del yacimiento debajo de la montaña, sino conocer la hidrogeología, la tipología de la roca y su mecánica. Hoy podemos decir que somos los que más sabemos en términos geológicos de la región de Jericó”, explicó Quintero.

Esa información fue presentada al Gobierno colombiano de la época, que, en 2015, declaró a Quebradona Proyecto de Interés Nacional Estratégico y autorizó integrar cinco títulos mineros bajo un contrato de concesión minera. En 2017, AGA comenzó a hacer los estudios de prefactibilidad, factibilidad y el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) junto con el Plan de Trabajos y Obras (PTO), que culminaron en 2019. En ese año se definió el proyecto final y se presentó el EIA ante la Agencia Nacional de Licencias Ambientales y el PTO ante la Secretaría de Minas de Antioquia, los cuales todavía se encuentran pendientes de aprobación. En todas esas investigaciones participaron 28 firmas internacionales y nacionales.

De acuerdo con el proyecto final, el depósito mineral, denominado Nuevo Chaquiro, se encuentra ubicado en la vereda Quebradona a una profundidad de 400 metros. Se estima que se exploten 4,9 millones de toneladas de concentrado polimetálico compuesto por 80 por ciento de cobre y 20 por ciento de oro, plata y otros minerales. El proyecto abarcará 7.593 hectáreas de la parte baja y alta de Jericó y se llevará durante 38 años en cuatro fases: cuatro años de construcción y montaje, 21 de extracción, tres de cierre y 10 de poscierre, sin contar los más de 14 años de prospección y exploración.

Como el yacimiento no tiene ninguna afloración, es decir, no presenta ninguna veta, la explotación se hará de manera subterránea a través de túneles. La extracción de la roca se hará por el método de hundimiento por niveles. Si bien esta técnica no genera áreas de explotación en la superficie de la montaña, sí causa una subsidencia, cuya área es de un kilómetro con un hundimiento efectivo de 500 metros y 365 metros de profundidad.

Dentro de la mina, la roca será triturada y transportada por bandas a través de un túnel de 6 kilómetros de longitud que desemboca en la vereda Cauca, parte baja de Jericó. Allí se encontrará la planta de beneficio, que utilizará tan solo el 0,2 por ciento del caudal del río Cauca, que en esa zona es de alrededor de 760 metros cúbicos por segundo. También se tiene contemplado construir plantas de tratamiento para recircular gran parte de esa agua captada. La mina contará con tecnología de punta de la cuarta revolución industrial. Casi toda la operación será robótica y a distancia y se contará con sistemas de recolección de datos, cuyo análisis, por medio de big data, servirán para tomar decisiones en tiempo real.

Como en toda obra de desarrollo, Quebradora tendrá impactos ambientales, siendo los más importantes la subsidencia y los relaves. Para mitigarlos, AGA proyectó varias estrategias, entre las que se encuentran la regeneración de 2.500 hectáreas de bosque seco y de alta montaña, construir un parque biodinámico y reforestar la montaña de relaves que queden al final de la explotación.

De acuerdo con Quintero, el proyecto tendrá una inversión entre 1,2 y 1,4 billones de dólares (capex) y generará entre 300 y 400 millones de dólares en exportaciones anuales y más de 6 billones de pesos en impuestos durante los 21 años de operación. Esas cifras convertirán a Quebradora en una de las 60 empresas más grandes del país. Para el caso de Antioquia, esta mina significará el despegue económico de Jericó, la generación de alrededor de 3.000 empleos directos e indirectos durante la construcción y 1.500 directos e indirectos para los 21 años de operación, el fortalecimiento de otras actividades económicas como la agricultura y que, sumado al proyecto de Gramalote, el departamento aumente sus exportaciones en 30 por ciento. “Si ponemos en marcha la mina nosotros seremos los segundos exportadores del departamento después de los bananeros”, explicó Quintero.

Pese a caracterizarse por explotar oro, AGA en esta ocasión, apuesta a la minería de cobre, primero, porque las técnicas para su extracción son poco diferentes de las del mineral aurífero. Y segundo, porque con el auge de la tecnología verde, el cobre es esencial para construir los aerogeneradores, los circuitos de los paneles solares y otros artefactos que sirven para generar energía limpia.

En esa misma línea, y como lo han hecho en la mina de oro de Santa Bárbara, Brasil, AGA quiere implementar una nueva manera de hacer minería en la que el progreso económico, la sostenibilidad social y la protección del medioambiente sean los pilares del negocio. Por eso, a finales de julio de este año la mina Quebradona se convirtió en una sociedad Beneficio e Interés Colectivo (BIC), una figura creada por la Ley 1901 de 2018 en la que la empresa se compromete a operar en el beneficio de la comunidad en la cual opera.

“Nosotros vamos a demostrar que se puede hacer minería de manera responsable, que podemos generar crecimiento económico de la mano con el consenso de la población y del cuidado del medioambiente. Por eso, desde las etapas de exploración hemos hablado con la población de Jericó y le hemos demostrado con hechos que somos uno de los actores que fomentarán el desarrollo sostenible en la región. En otras queremos identificarnos con los valores de los jericoanos”, explica Ana María Gómez Montes, vicepresidenta de Asuntos Corporativos de AGA.

Fuente: Contenido de Semana en colaboración con el proyecto Quebradona

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