Opinión | Los catastrofistas, por Mauricio Vargas

Aunque no soy amigo del optimismo a ultranza que pregona –en el almibarado estilo de los libros de autoayuda– pensar siempre en positivo, tampoco me caen bien esos expertos que labran su prestigio a punta de predecir catástrofes y, como dijo este jueves mi colega Juan E. Constaín, se enorgullecen de ello. Todo analista juicioso debe evitar contaminarse de optimismo ilusorio así como de pesimismo catastrofista.

En tiempos de pandemia del covid-19, abundan los profetas del desastre. Muchos son figuras reconocidas cuya brillante carrera eleva sus pronósticos a la categoría de verdad revelada. Tras décadas en altos cargos de la banca privada y varios años a la cabeza del Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, Gabriel Jaramillo asumió en agosto la tarea de coordinar el sector empresarial en el apoyo al Gobierno para comprar vacunas anticovid. Con semejante hoja de vida, tanto en finanzas como en salud pública, cualquier opinión suya lucía incontrovertible.

Su entrevista de inicios de octubre en la portada de ‘Semana’ causó terror y depresión. Jaramillo pronosticó que los años 2021 y 2022 pasarían sin que arrancase “un plan de vacunación global” que solo llegaría –dijo– en 2023. “Para 2022 –agregó–, lo que se puede esperar es vacunar al personal de salud, a los mayores de 65 años y a las personas con comorbilidades”. Y agregó que si alguna vacuna era aprobada, su efectividad estaría entre el 50 y el 70 %.

Tres meses después, tres vacunas ya aprobadas tienen rangos de eficacia en torno al 90 %. Al terminar 2021, suman 6 millones las personas inoculadas en el planeta en muy pocos días. En cuanto a Colombia, el Gobierno contrató, para los meses venideros, 29 millones de vacunas: 5 millones con Pfizer, 5 millones con AstraZeneca, 10 millones por el mecanismo Covax y 9 millones más con Janssen. Por tarde, la vacunación aquí despegará en febrero.

Para mediados de 2021 –no 2022, como decía Jaramillo– es muy probable que en decenas de países, incluido el nuestro, hayan sido vacunados los mayores de 65 años, el personal de salud y muchos pacientes con comorbilidades. Incluso buena parte del resto de la población habrá sido inoculada. Pueden surgir tropiezos, pero nada indica que tengamos que esperar, como predecía Jaramillo, a 2023, ni siquiera a 2022.

Otro experto con visión fatalista es el rector de Uniandes, el exministro Alejandro Gaviria. En una publicitada charla y con base en un estudio del Cede de Uniandes, predijo que la pandemia haría retroceder a Colombia “hasta 20 años” en lucha contra la pobreza. Hace 20 años, 60 % de la población estaba en la pobreza. Antes de la pandemia, la pobreza monetaria había bajado a 35 % y la pobreza multidimensional andaba por 17,5 %. Aunque es seguro que aumente por la pandemia, es muy improbable que se acerque al nivel de 2000.

Quienes apoyaron a Gaviria en esa predicción le apostaron a que Colombia terminaría el año con un desempleo de entre 20 y 25 %. Solo así podría darse tan desastroso aumento de pobreza. Acaban de salir las cifras de desempleo para noviembre: 13,3 % a nivel nacional y 15,4 % en las 13 grandes ciudades. El desempleo lleva seis meses bajando tras la trepada de abril y mayo, y falta diciembre, un mes en que el empleo suele mejorar.

Todo esto sería apenas anecdótico si las predicciones de los sabihondos catastrofistas no influyeran en inversionistas y empresarios. Conozco a muchos que frenaron proyectos y despidieron trabajadores –algunos hasta cerraron sus empresas– debido, en parte, a estos pronósticos. No hay que subestimar el daño que causan quienes buscan ganarse el respeto de la opinión a punta de profecías fatalistas. Hacer prospectiva no es un juego: cuanto más renombrado el experto, debe hacer gala de más responsabilidad.

MAURICIO VARGAS
[email protected]

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí