En las afueras de Riohacha (La Guajira), avanza la construcción de una mega cárcel que busca transformar el sistema penitenciario del departamento. El complejo tendrá capacidad para aproximadamente 1.722 reclusos, distribuidos en ocho pabellones, uno de ellos destinado para mujeres.
La infraestructura ocupará cerca de 36.000 metros cuadrados y actualmente registra un avance cercano al 88 % en su construcción. De acuerdo con la programación oficial, su inauguración está prevista para el segundo semestre del año.
La nueva prisión no reemplazará la antigua cárcel de Riohacha, ubicada en la Calle 9A N.° 17-13, un centro penitenciario que quedó asociado durante años con la historia de un famoso prisionero francés conocido como Papillon: Henri Charrière.
El famoso fugitivo y escritor francés Henri Charrière


Henri Charrière, un francés que luego alcanzó fama mundial cuando su novela autobiográfica se convirtió en best seller, fue condenado en octubre de 1931 a trabajos forzados. Los jueces lo encontraron responsable del asesinato del proxeneta Roland Legrand, también conocido como Roland le Petit. Charrière siempre sostuvo que era inocente de ese homicidio, aunque reconoció haber participado anteriormente en delitos como robos a cajas fuertes y actividades relacionadas con el proxenetismo.
Tras su condena fue enviado a la colonia penal de la Isla del Diablo, ubicada frente a la costa de Guayana Francesa. Durante el traslado conoció a otro prisionero, Louis Dega, quien se convertiría en una figura importante dentro de su relato autobiográfico y quien sería interpretado, en forma magistral, por Dustin Hoffman en la película de 1973, que habría de recoger más de 50 millones de dólares en taquilla alrededor del mundo.
La Isla del Diablo tenía fama de ser un lugar diseñado para castigar y aislar a los presos. Las condiciones eran extremas: los internos enfrentaban vigilancia permanente, alimentación deficiente, enfermedades y un entorno natural que hacía prácticamente imposible escapar.
Los prisioneros considerados de mayor peligrosidad eran enviados a Saint-Joseph, conocida como la “Isla del silencio”. Allí, permanecían encerrados en pequeñas celdas con poca luz y sin contacto con otros internos.

El aislamiento prolongado podía provocar graves afectaciones psicológicas, entre ellas pérdida de memoria, confusión, ansiedad severa, depresión y alucinaciones. O locura si la psique de la persona no aguantaba las largas horas sin contacto.
La alimentación tampoco garantizaba una vida digna ni cómoda. Los escalofriantes relatos describen raciones insuficientes y alimentos en malas condiciones. Aunque la isla parecía abierta al mar, las corrientes peligrosas, la presencia de tiburones y la selva hicieron que la fuga pareciera una misión imposible.
El reclusorio era, sin duda, una sucursal del infierno: los carceleros tenían fama de sádicos y crueles.
La fuga de Papillon y su paso por Riohacha


Allí, Henri Charrière se convirtió en leyenda. El francés tenía tatuada una mariposa en el pecho desde sus días de hombre libre; en francés “papillon”, razón por la que recibió ese apodo. Contra las probabilidades, Charrière logró escapar y comenzó una larga travesía por el Caribe. Durante su recorrido llegó a Colombia, donde fue capturado en Riohacha y recluido en la cárcel de la ciudad.


Crédito: Creative commons
Posteriormente fue entregado a las autoridades de Venezuela, donde terminó de cumplir su condena y luego volvió a ser un hombre libre. Su paso por la prisión de Riohacha dio origen al nombre informal de uno de sus pabellones: “Papillon”.
Aunque la historia del francés aumentó la fama de la cárcel, sus problemas estructurales no cesaron. Mientras la taquillera película recibía nominación en los Premios Oscar a mejor banda sonora y en los Premios Globo a mejor actor principal para Steve McQueen, los presos de carne y hueso seguían padeciendo castigos inhumanos en un lugar olvidado de Dios y de sus congéneres.
Una cárcel marcada por el hacinamiento


El único preso célebre de su historia es Charrière. Durante décadas, la cárcel de Riohacha enfrentó graves problemas de sobrepoblación. El centro penitenciario llegó a registrar niveles de hacinamiento entre 300 % y 400 %.
La prisión, trasladada en 1979 a su actual sede de la Calle 9A N.° 17-13, fue diseñada inicialmente para cerca de 100 internos, pero llegó a albergar a más de 500 personas. Ante esta situación, durante el gobierno de Iván Duque se impulsó la construcción de una nueva infraestructura penitenciaria en las afueras de la capital guajira.
La nueva cárcel del Caribe colombiano
La nueva prisión busca reducir la presión sobre el sistema penitenciario regional y nacional. Además, pretende ofrecer espacios adicionales para educación, formación y visitas familiares. El proyecto contempla zonas destinadas a comunidades Wayuu, un centro para niños, espacios para atención materna y áreas educativas para los internos. También incluye un diseño orientado a disminuir el consumo de agua mediante mejoras en su sistema hidráulico.
La inversión estimada supera los 300.000 millones de pesos y sus promotores la presentan como una cárcel con mejores condiciones de habitabilidad.
Sin embargo, el debate sobre la función de las prisiones continúa abierto. Mientras algunos sectores consideran que la ampliación de la infraestructura es necesaria para enfrentar el delito, otros expertos han cuestionado históricamente la capacidad de las cárceles para convertirse en verdaderos centros de resocialización y no universidades del crimen.
Lo cierto del caso es que, con la construcción de la nueva mega cárcel en La Guajira, la leyenda de Papillon y los lejanos días en que los presos vivían un calvario insoportable en reclusorios inhumanos serán asunto de la literatura y el cine. La conmovedora escena en la que el personaje escapa, en una balsa hecha de cocos y después de entender que cada séptima ola tenía una ligera chance de embarcarse rumbo a la libertad, se convierte en un mito, mientras que el nuevo reclusorio ofrece espacios de crecimiento para la comunidad presidiaria y un ambiente propicio para la resocialización.
Los constructores detrás de la cárcel en La Guajira


Foto: Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios
La construcción está a cargo del consorcio Eron La Guajira, ganador del contrato número 276 de 2020, cuyo objetivo era desarrollar el nuevo centro penitenciario de Riohacha. El contrato inicial contemplaba un plazo aproximado de 19 meses y un valor cercano a los 181.000 millones de pesos. En el proceso participaron entidades como el Ministerio de Justicia, la Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios (Uspec), Planeación Nacional, la Agencia Nacional de Tierras y el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec).
La pandemia generó retrasos y modificaciones en los tiempos de ejecución. El consorcio está conformado por A Construir S.A., con una participación del 50 %, y Varela Fiholl y Compañía S.A.S., también con el 50 %. Su representante legal es Jairo Enrique Varela Fiholl y ha ha participado en proyectos de infraestructura como la restauración del Auditorio León de Greiff, el Centro Nacional de Artes, la restauración de la Caja Escénica del Teatro Colón y obras penitenciarias como La Picota y otros complejos carcelarios.
Otras cárceles en construcción en Colombia


La mega cárcel de La Guajira no es el único proyecto penitenciario en desarrollo en Colombia. En Risaralda, avanza la construcción del establecimiento penitenciario El Pílamo, un proyecto dividido en dos fases.
La primera etapa comenzó en 2019 y registra un avance cercano al 90 %, con una inversión aproximada de 133.000 millones de pesos. La segunda fase está prevista para concluir antes de 2027.
Otro proyecto relevante es la cárcel de San Ángel, en Magdalena, que tendría capacidad para cerca de 1.974 nuevos cupos y una inversión superior a los 275.000 millones de pesos. Si se cumplen los cronogramas, su entrega está prevista para finales de 2026.
Le puede gustar: La megacárcel de alta seguridad inspirada en la de Bukele que se construye en Medellín con la que Fico saca pecho










