Según las autoridades, el cantante habría sido un testaferro de alias ‘Daniel’, entonces jefe del Bloque Tolima de las AUC muerto en 2009
Carlos Alberto Sánchez Ramírez lleva treinta años cantando boleros bajo el nombre de Charlie Zaa. Vendió millones de copias de “Sentimientos” y “Un segundo sentimiento” a finales de los noventa, este año giró por México y sacó un sencillo nuevo. También, según la Fiscalía General de la Nación, levantó parte de su fortuna con plata que perteneció al Bloque Tolima de las Autodefensas Unidas de Colombia.
Este viernes 17 de julio, la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá ordenó medidas cautelares sobre cuatro propiedades suyas: el centro comercial El Oasis, las discotecas Kapachos y Solaris, y un hotel, repartidos entre Girardot y Ibagué. Los avalúos suman más de 45.467 millones de pesos. El Cuerpo Técnico de Investigación ocupó los inmuebles y tomó registro de ellos; en pocos días pasarán al Fondo para la Reparación de las Víctimas.
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Detrás de la hipótesis de la Fiscalía hay un nombre: Diego José Martínez Goyeneche, alias Daniel, comandante del Bloque Tolima hasta que murió en 2009. Ese bloque operó entre 1998 y 2005. El Centro Nacional de Memoria Histórica le atribuye al menos veinte masacres, 270 asesinatos colectivos y más de 180 desapariciones forzadas. Nada menor para un grupo que, según los investigadores, también encontró tiempo para meter su dinero en un centro comercial de Girardot. La Fiscalía cree que Martínez Goyeneche usó terceros para invertir esos recursos en bienes raíces y borrarles el rastro, así nunca podrían destinarse a reparar a las víctimas. El caso nació de testimonios de exparamilitares ante la jurisdicción de Justicia y Paz, creada durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez para la desmovilización: ellos señalaron que el cantante era la cara visible de bienes que en el fondo respondían a Daniel.
Para armar el caso, la Fiscalía hizo inspecciones judiciales, pidió peritajes contables, revisó estudios registrales y tomó declaraciones. Dice que así reconstruyó la trazabilidad de los activos. Y encontró huecos: en la construcción de El Oasis no aparecen planos arquitectónicos ni estructurales, nunca se aprobó el reglamento de propiedad horizontal que habría permitido dividir el edificio en locales, y no hay registros financieros de los costos ni de los gastos de una obra que tomó años en levantarse.
Charlie Zaa ya había contado su versión. Dijo que el lote donde se construyó El Oasis lo compró a nombre de su padre con las regalías que le pagó el sello Sonolux por sus discos, y que el centro comercial es suyo entero, salvo dos locales que entregó como parte de pago de una casa en el conjunto Lagos del Peñón. En julio de 2025, cuando el Tribunal dictó las primeras medidas cautelares, dijo que colaboraría con las autoridades y entregaría pruebas de su inocencia. Dijo que todo lo que tiene salió de treinta años de trabajo.
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Esas primeras medidas, de marzo de 2025, cubrían cinco bienes: el centro comercial y una discoteca en Girardot, las dos discotecas de Ibagué, y dos fincas, en Melgar y en Girardot. De esos cinco, cuatro pasan ahora a manos del Estado. Las fincas no figuran en el comunicado de este viernes.
La decisión es de primera instancia y admite recursos, de modo que el proceso sigue abierto. Charlie Zaa insiste en que su patrimonio tiene origen lícito y pide que se respete su presunción de inocencia. La Fiscalía sostiene que lo que armó Diego José Martínez Goyeneche antes de morir todavía produce efectos diecisiete años después, y que uno de esos efectos hoy tiene la forma de un centro comercial, un hotel y dos discotecas bajo custodia del Cuerpo Técnico de Investigación.










