El fallo judicial contra De La Espriella revive la gran mentira de que Colombia es un Estado laico

El fallo judicial contra De La Espriella revive la gran mentira de que Colombia es un Estado laico

A propósito del fallo contra la posesión presidencial, un análisis sobre las contradicciones entre la invocación a Dios y la laicidad en Colombia

Texto escrito por: Orlando Gaviria Giraldo

Una gran polémica nacional se ha desatado luego de que un juez de la República le ordenara al presidente Abelardo De La Espriella que, según la revista Semana, «en alocución en radio y televisión a realizarse el martes 30 de septiembre de 2026, a las 7:00 p. m., ofrezca disculpas al pueblo colombiano por haber vulnerado la neutralidad religiosa del Estado en el acto oficial de su posesión como presidente».

La orden judicial tiene su origen en lo ocurrido durante la posesión. El presidente le dio cabida a una alabanza cristiana, a un sermón católico y a un corto sermón judío. Además, en el escenario estaba la imagen de la Virgen. Para algunos ciudadanos, no hay duda de que se trató de actos de carácter religioso.

Desde entonces, en los medios de comunicación y en las redes sociales se libra una batalla dialéctica y jurídica alrededor del asunto. Los contradictores de De La Espriella argumentan que Colombia es un Estado laico y que, por ende, ningún funcionario puede, en ejercicio de sus funciones, invocar a Dios o realizar actos de carácter religioso, como una alabanza. Sus defensores sostienen lo contrario. Colombia, dicen, no es un Estado laico, sino teísta.

El exsenador y abogado Víctor Velázquez afirmó en La FM que «la Constitución de 1991 abre invocando la protección de Dios» y que «un estado que invoca la protección de Dios no es laico, es teísta». El argumento no termina ahí. Más adelante, «el exsenador citó el Código de Régimen Político y Municipal y la Ley 33 de 1920, referida al himno nacional, indicando que la estrofa menciona a quien murió en la cruz», que no es otro que Jesús, el hijo de Dios para los católicos. Y a ese mismo Dios también se refiere el lema de la Policía Nacional: «Dios y patria». Y por ese mismo Dios juran los presidentes de la República cuando toman posesión de su cargo.

Entonces, ¿quién tiene la razón? Analicemos el asunto por partes

Un Estado laico es aquel en el que la religión nada tiene que ver con la cosa pública. Es decir, existe una verdadera separación entre el Estado y la religión. Además, en los Estados laicos hay libertad de cultos, lo que implica que no existe una religión oficial.

Visto esto, ¿es Colombia un Estado laico? Si somos rigurosos, no. Y estas son las razones.

En primer lugar, porque la Constitución invoca a Dios. Y no a cualquier dios, con minúscula, sino a Dios, con mayúscula; es decir, al dios de los cristianos. En segundo lugar, porque los presidentes toman posesión de su cargo jurando por Dios. Y se sobreentiende que se trata del dios de los cristianos, no de Alá, Júpiter o Zeus. En tercer lugar, porque en muchas instituciones se alude a Dios, como ocurre con el lema de la Policía.


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Además, en el Ejército existen capellanías católicas. En cuarto lugar, porque en varias ciudades, como Arauca —donde el Juzgado Quinto Administrativo de Arauca, en una actuación de nulidad simple, permitió que la celebración continuara—, se permite celebrar el Día de la Biblia, aprobado mediante un acuerdo municipal. Y, finalmente, porque en realidad la libertad de cultos no existe, está condicionada por la «moral cristiana». Esto quiere decir que una iglesia como la satanista, legal en Estados Unidos, no podría instalarse acá porque va en contravía de las religiones cristianas, que son mayoritarias en el país.

A la luz de estos elementos, sostener que Colombia es, en sentido estricto, un Estado laico resulta difícil. Un Estado que desde su propia Constitución invoca la protección de Dios, que mantiene referencias religiosas en algunas de sus instituciones y que permite expresiones de carácter religioso en distintos escenarios públicos no puede considerarse plenamente separado de la religión. La invocación constitutional no es un detalle menor ni una simple fórmula sin significado: el preámbulo de la Constitución expresa los fundamentos sobre los cuales se construye el ordenamiento jurídico colombiano.

Por eso, quizás sea más preciso afirmar que Colombia es un Estado teísta que reconoce la libertad de cultos que no vayan en contravía de la moral cristiana y no adopta una religión oficial, pero que conserva una relación histórica y constitucional con la idea de Dios, la deidad de los cristianos. Y mientras la Constitución siga comenzando bajo la invocación de su protección, será difícil sostener que el Estado colombiano es completamente ajeno a toda referencia religiosa. Colombia no es un Estado confesional, pero tampoco parece ser, en sentido estricto, un Estado plenamente laico. Esa contradicción es, precisamente, la que vuelve tan compleja la discusión sobre lo ocurrido durante la posesión presidencial.

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