La Administración Municipal acompaña a los productores apícolas con asistencia técnica, formación y nuevas herramientas, mientras iniciativas como la de Diego Soto buscan recuperar las poblaciones de abejas y ampliar la reforestación con especies nativas.
En las montañas de Girardota, la protección de las abejas se ha convertido en una apuesta que va más allá de las colmenas. Productores apícolas del municipio trabajan en el rescate y reproducción de estos polinizadores, al tiempo que avanzan en procesos de reforestación para recuperar parte de las condiciones naturales que necesitan para desarrollarse.
Uno de ellos es Diego Soto, apicultor que desde pequeño creció entre montañas, cafetales y cultivos de caña. En su infancia era común encontrar nidos de abejas en los árboles y troncos de la zona, una presencia que con el paso de los años comenzó a disminuir.
Soto también empezó a observar cambios en los cultivos y en la producción de algunos árboles. Recuerda, por ejemplo, que las naranjas que producían los árboles de generaciones anteriores eran más grandes y abundantes.
Estas experiencias lo llevaron a considerar que la disminución de las abejas podía estar relacionada con cambios en el equilibrio del ecosistema.
“Era como un eslabón que faltaba en esa cadena del ecosistema”, explica el apicultor.
A partir de allí comenzó un proceso de rescate de abejas de la zona. Inicialmente trabajó con Apis mellifera y posteriormente incorporó abejas nativas, además de colmenas de angelitas, con las que inició procesos de reproducción para aumentar su población.
Sin embargo, el trabajo de Soto no se ha limitado al manejo de las colmenas. Su proyecto también contempla la recuperación de la vegetación y de las fuentes de alimento para los polinizadores.
En este proceso ha contado con el acompañamiento de la Administración Municipal de Girardota, que viene trabajando con productores apícolas en la tecnificación y fortalecimiento de sus proyectos mediante asistencia técnica, formación e implementación de nuevas herramientas.
La estrategia también contempla acciones de reforestación desarrolladas de la mano de la Secretaría de Agricultura, con la siembra de árboles nativos no solo dentro de las fincas productoras, sino también en predios de vecinos de la zona.
La intención es generar espacios que favorezcan la presencia de las abejas y otros polinizadores, mientras se contribuye a la recuperación de la vegetación y al fortalecimiento de los ecosistemas locales.
“Esto es un trabajo constante, no solamente es tener las abejas en los cajoncitos”, señala Soto.
Desde la Administración Municipal, estas acciones también hacen parte del fortalecimiento de la economía local y del sector apícola, al tiempo que buscan contribuir a la protección de las polinizadoras, fundamentales para los ecosistemas y para procesos naturales como la reproducción de numerosas especies vegetales.
Para Soto, el siguiente paso es continuar aumentando el número de colmenas y, en el futuro, convertir el espacio en un lugar donde la comunidad pueda acercarse al mundo de las abejas, conocer su importancia y comprender el papel que cumplen dentro del territorio.
Así, entre colmenas, árboles nativos y cultivos, Girardota busca fortalecer una actividad productiva que también representa una oportunidad para promover la conservación ambiental y mantener vivos los procesos naturales que conectan al campo con sus ecosistemas.








