La solidaridad de los habitantes de este municipio amazónico fue determinante en las primeras horas posteriores al accidente del avión Hércules C-130 de la Fuerza Aeroespacial Colombiana. Mientras llegaban los equipos especializados de rescate, decenas de pobladores utilizaron sus propios vehículos para evacuar a los militares heridos y facilitar las labores de emergencia.
Uno de ellos fue Jhan Trujillo, comerciante y motociclista, quien se convirtió en una pieza fundamental del operativo improvisado que permitió trasladar a varios de los sobrevivientes desde el lugar del siniestro hasta los puntos de atención médica.
Un pedido de ayuda que marcó la jornada
Horas después del accidente comenzó a circular en redes sociales un video en el que se observa a Trujillo conduciendo una motocicleta Honda XL por una trocha de Puerto Leguízamo. En la parte trasera del vehículo viajaban dos soldados, uno de ellos con visibles heridas en el rostro.
Durante el recorrido, uno de los militares le hizo una petición que aún recuerda.
“No nos dejen solos. Mis compañeros siguen dentro del avión. Ayúdenlos”.
Sin dudarlo, respondió que la comunidad ya estaba colaborando y continuó regresando al lugar del accidente para evacuar a más sobrevivientes.
La falta de combustible no detuvo el rescate
Tras varios recorridos, Trujillo se enfrentó a una dificultad adicional: la escasez de gasolina en el municipio, una situación que suele agravarse durante la temporada de verano.
Con el poco combustible que conservaba en una garrafa de reserva logró abastecer nuevamente su motocicleta y regresar al sitio del accidente.
Mientras tanto, el pueblo entero concentró sus esfuerzos en atender la emergencia. Las calles se llenaron de motocicletas y camionetas transportando militares heridos hacia los centros asistenciales.
Seis recorridos en medio del caos
Durante varias horas, Jhan Trujillo realizó seis recorridos entre el lugar del accidente y el casco urbano. En el último viaje transportó a dos militares más, en medio de la urgencia por evacuar a los sobrevivientes lo más rápido posible.
Fue precisamente en ese trayecto cuando fue grabado el video que posteriormente se hizo viral en todo el país.
En total, el motociclista ayudó a rescatar y trasladar a siete militares sobrevivientes, en una jornada marcada por las altas temperaturas, el humo, los químicos liberados tras el impacto y el riesgo generado por la munición que permanecía en la aeronave siniestrada.
“Fue un momento muy duro. Había mucho calor, el humo era intenso y la munición prácticamente no dejaba acercarse”, recordó.
El impacto de la tragedia
Solo cuando finalizaron las labores de evacuación y regresó a su vivienda, Trujillo pudo dimensionar lo ocurrido.
Después de reencontrarse con su hijo, que entonces tenía apenas un mes de nacido, notó que su ropa estaba manchada con sangre de algunos de los militares a quienes había auxiliado.
“Uno no alcanza a pensar en todo lo que pasa en ese momento. Después fue cuando caí en cuenta de la magnitud de la tragedia”, relató.
Reconocimiento a la solidaridad de Puerto Leguízamo
Días después del accidente, el entonces ministro de Defensa, Pedro Sánchez, visitó Puerto Leguízamo para agradecer públicamente la solidaridad de la comunidad durante la emergencia.
El funcionario destacó la respuesta de los habitantes, quienes, sin esperar la llegada de equipos especializados, utilizaron sus propios vehículos y recursos para salvar vidas.
“Esta población le demostró al país que lo más importante no es lo que se tiene, sino la voluntad de ayudar”, expresó durante el homenaje.
En ese mismo acto, Jhan Trujillo recibió un reconocimiento especial. La empresa fabricante de su motocicleta le entregó un nuevo vehículo, que fue trasladado hasta el municipio por la Fuerza Aeroespacial Colombiana.
Sin embargo, el hombre asegura que nunca actuó esperando una recompensa.
“Uno no hace estas cosas esperando algo a cambio. En una situación así, lo único que piensa es en ayudar”.
Un gesto que quedó en la memoria
Aunque en Puerto Leguízamo todos conocían a Jhan Trujillo antes del accidente, su nombre quedó ligado para siempre a uno de los episodios más difíciles que ha enfrentado la Fuerza Aeroespacial Colombiana.
Con el paso de los meses, las lluvias borraron gran parte de las huellas físicas del siniestro, pero el recuerdo de la solidaridad demostrada por los habitantes del municipio continúa vivo entre los militares sobrevivientes, quienes aún expresan su gratitud a quienes, sin pensarlo dos veces, arriesgaron todo para salvar vidas.








