La caída de los Aguilar después de 25 años de poder en Santander en medio de la corrupción

La caída de los Aguilar después de 25 años de poder en Santander en medio de la corrupción

Hugo Aguilar, el jefe del clan, fue condenado por parapolítica, su hijo Richard capturado por corrupción y Mauricio, el menor, acaba de ser acusado por la Fiscalía

El colegio Lucas Caballero de Bucaramanga nunca pasó de los planos. La obra, presupuestada en 15.280 millones de pesos, tenía contrato firmado desde el 7 de diciembre de 2022, pero los años transcurrieron sin que una sola pared se levantara. Ese expediente inconcluso es hoy una de las piezas centrales en la acusación de la justicia contra Mauricio Aguilar, hijo del gamonal político Hugo Aguilar y hermano del  heredero mayor de su caudal electoral, Richard Aguilar.

Mauricio logró la gobernación de Santander igual que su papá y su hermano y como ellos cayó también por corrupción. Está señalado de varios delitos: contrato sin cumplimiento de requisitos legales y peculado por apropiación en favor de terceros y su proceso es el capítulo más reciente de una historia que empezó casi treinta años atrás, en el techo de una casa en Medellín.

El inició del poder de los Aguilar

El 2 de diciembre de 1993, un operativo policial acabó con la vida de Pablo Escobar cuando intentaba escapar por una ventana y su cadáver quedó sobre las tejas de una vivienda en un barrio popular. Entre los uniformados que participaron en esa operación estaba Hugo Aguilar Naranjo, un coronel de la Policía que había ingresado a la institución en 1975. La muerte del narcotraficante más buscado del país convirtió a los oficiales involucrados en referentes nacionales, y Aguilar no dejó pasar esa visibilidad. Poco después de retirarse de la fuerza pública se propuso trasladar su prestigio a la política en un escenario conocido: su tierra Santander.

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Busco como padrino al Tuerto Gil, un conocido político santandereano con antecedentes de militancia en el M-19 que había fundados el movimiento Convergencia Ciudadana, cuyos miembros empezando por el propio Gil terminaron con enredos en la justicia.  Aguilar llegó a la Asamblea de Santander en el año 2000 y su estreno como diputado le dio para aspirar a la gobernación de Santander. 

Un ascenso político salpicado de ilegalidad 


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La victoria llegó en 2003, para el periodo 2004-2007, pero no fue solo obra de la maquinaria tradicional. Detrás de esa elección operó también el Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia, bajo el mando de jefes paramilitares como Ernesto Báez y alias Camilo Morantes. Años después, ya frente a la Jurisdicción Especial para la Paz, el propio Aguilar reconoció haber recibido ese respaldo de manera consciente y haber omitido denunciarlo ante las autoridades mientras ejercía como gobernador.

La sombra de esa alianza tardó en alcanzarlo, pero terminó por hacerlo. Hacia 2008 la Corte Suprema de Justicia empezó a rastrear los vínculos entre políticos y estructuras paramilitares que fue bautizado como la  parapolítica. La investigación llevó primero a la captura de Gil, su principal aliado, y después alcanzó al propio Aguilar, quien en agosto de 2013 fue condenado a nueve años de prisión por concierto para delinquir agravado. 

A esa condena se sumó otro proceso, esta vez por un contrato de 2007 destinado a comprar y distribuir juguetes para niños vulnerables, que según la Fiscalía se firmó sin los requisitos legales de licitación, entregó apenas una fracción de lo pactado y terminó en una apropiación irregular de recursos públicos. Sin embargo la condena y la inhabilidad que le impuso la Procuraduría no significaron el final del proyecto político familiar. 

Logró en 2011, transferirle su estructura electoral a su hijo Richard. Avalado por las firmas del movimiento Santander en Serio logró la Gobernación para el período  2012-2015. Más tarde se afilió a Cambio Radical, partido que le dio el aval para llegar al Senado en las elecciones de 2018.

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Los líos judiciales no tardaron en aparecer, pero por otra vía: la de la contratación pública. Siendo senador, en julio de 2021, la Corte Suprema ordenó su captura pero Aguilar renunció a su curul para quedar en manos de la Fiscalía. Fue acusado de concierto para delinquir, interés indebido en la celebración de contratos, contrato sin cumplimiento de requisitos legales y peculado por apropiación, todo relacionado con su gestión como gobernador. 

Con su ex secretaria de infraestructura Claudia Toledo y de su esposo, el contratista Lenin Pardo, como testigos principales la Fiscalía documentó el caso demostrando el direccionamiento de licitaciones a cambio de comisiones en obras como la remodelación del estadio Alfonso López de Bucaramanga, el corredor vial San Gil-Charalá-Duitama y varios contratos de infraestructura escolar en Bucaramanga y Floridablanca

Sin embargo y a pesar de la batería de pruebas, en noviembre de 2022 Richard Aguilar recuperó la libertad por vencimiento de términos, pero quedó enterrado políticamente. 

Mauricio Aguilar el último caer y también por corrupción 

La carrera política de Mauricio, el segundo de los hijos del coronel Hugo Aguilar, empezó por el Congreso. Fue elegido en  2010 y repitió en el 2018 y apoyado en la estructura del clan logró la Gobernación de Santander en el 2020. 

Las alarmas se prendieron hacia el final de su mandato. La Corte Suprema lo acusó formalmente por contrato sin cumplimiento de requisitos legales, interés indebido en la celebración de contratos y peculado por apropiación en favor de terceros por un . En convenio de cooperación con un canal regional por más de 8.000 millones de pesos, el proyecto inconcluso de un colegio agrícola en Suaita financiado con recursos de regalías que dejó sobrecostos y obras sin terminar, y el ya mencionado contrato del colegio Lucas Caballero, que se quedó en planos pese a comprometer más de 15.000 millones de pesos del erario departamental.

La caída del clan 

Dos generaciones, tres gobernaciones de Santander, dos senaturias en la misma familia y el poder para controlar alcaldías en varios municipios del departamento durante veinte años de reinado en el que hicieron del poder político una mina de dinero a punta de contratación pública. Con la imputación por parte de un fiscal delegado ante la Corte Suprema,  Mauricio Aguilar inicia el mismo recorrido de su hermano Richard, solo que esta vez se espera que la justicia falle de fondo.

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