La tristeza que el presentador Iván Lalinde carga encima desde que el alzhéimer le arrebató poco a poco a su madre

La tristeza que el presentador Iván Lalinde carga encima desde que el alzhéimer le arrebató poco a poco a su madre

Hay despedidas que comienzan antes de la muerte. La de Iván Lalinde y su madre, Teresa Gallego, tuvo sus primeros capítulos cuando ella aún estaba sentada frente a él, cuando aún podía hablarle, cuando aún era posible que lo reconociera. El alzhéimer, con paciencia sigilosa, empezaba a llevarse partes de sus recuerdos más preciados e íntimos. Sin compasión.

El presentador de Día a Día ha vuelto a contar la historia y, al hacerlo, ha revivido uno de los dolores que ha trazado su camino. No es el único, solo el más grande.

En septiembre de 2026, durante una conversación con La Red, Lalinde recordó cómo su familia tardó en comprender que algunos olvidos de Teresa no eran simplemente distracciones propias de la edad.

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Teresa Gallego, la madre de Iván Lalinde, atravesó el Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa que deteriora progresivamente la memoria y otras capacidades cognitivas, pero no necesariamente borra desde el comienzo la memoria afectiva.

Primero perdió una palabra: el verbo preciso, el nombre de un objeto, un adjetivo para calificar lo que sucedía. Después, una fecha. Hasta que un día perdió el camino de regreso a casa, la memoria de los rostros cercanos y el álbum de recuerdos familiares en su mente.

Hubo un momento especialmente doloroso después de la muerte de Humberto, uno de los hermanos del presentador. “Apenas se muere él, ella como que entrega todo”, recordó sobre la rendición de Teresa ante el olvido que la devoraba sin prisa ni pausa.

Hay cosas que una madre les enseña a sus hijos y que ellos creen que permanecerán allí para siempre. Hasta que un día ella misma empieza a olvidarlas: Iván y los momentos de la vida compartida desaparecieron de la memoria de Teresa sin dejar rastro.

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Una amiga suya salta al vacío desde un piso sexto

Iván Lalinde Gallego nació en Medellín el 3 de marzo de 1978.

Es el menor de una numerosa familia paisa y estudió en la Universidad Pontificia Bolivariana. Allí, comenzó a acercarse a la televisión, en 1994, cuando participó en la organización de los Premios Hétores.

Entonces apareció una oportunidad que terminaría marcando su vida: hizo un casting para presentar el magazín universitario Pantalla Gigante. Ganó.

La televisión le fue poniendo nombres y rostros en el camino. En Caracol pasó por Bancolombia más cerca, La Peluquería y el equipo de entretenimiento de Noticias, hasta que en diciembre de 2005 llegó a Del Otro Mundo.

Allí, coincidió con su colega Lina Marulanda. Fueron compañeros de pantalla y, con el tiempo, amigos. Lalinde todavía no sabía que aquella relación terminaría ocupando un lugar distinto en su memoria: mientras ambos eran estrellas de la televisión, Lina comenzaba a hundirse en la depresión y a atravesar silenciosamente la cuerda floja que terminaría con su suicidio, en abril de 2010.

La televisión, por supuesto, no se detuvo. Un año después de llegar a Del Otro Mundo, Lalinde asumió El precio es correcto, un concurso que condujo durante varios años. Allí, se convirtió en un rostro habitual para millones de colombianos.

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Fueron años de cámaras, estudios y programas que se sucedían mientras su vida también iba cambiando. En 2016, después de 12 años en Caracol, cerró esa primera etapa y al año siguiente apareció en el renovado Canal 1, donde presentó Primera Hora junto a Silvia Corzo y Noticias del Mediodía de CM&.

Después vendrían RCN y una nueva faceta. En julio de 2018, llegó como vicepresidente creativo y asumió además la conducción y dirección de El desayuno. Más tarde presentó Nuestra casa, hasta junio de 2020.

Cada cambio de canal parecía abrirle otra puerta en televisión, pero también iba acumulando historias personales, derrotas y duelos detrás de los reflectores. En octubre de 2021 regresó a Caracol y se incorporó a Día a Día, programa que continúa presentando.

A esas alturas, su recorrido ya no podía contarse solamente por los cargos, los canales o los programas. También estaba hecho de las personas con las que compartió escenario, de quienes se fueron y de las historias que, como la de Lina Marulanda, terminaron acompañándolo en la vida real, mucho después de que las cámaras se apagan.

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Lina Marulanda e Iván Lalinde compartieron varios años en televisión y construyeron una amistad que permaneció en el tiempo. Ella murió en 2010, a los 31 años.

La pantalla lo convirtió en un rostro familiar para millones de colombianos, pero detrás de esa facilidad para conversar y sonreír ante las cámaras y la teleaudiencia se fue formando un hombre acostumbrado a convivir con pérdidas que pocas veces llevaba al estudio de grabación.

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Teresa, Humberto y una familia marcada por la muerte

La historia de Teresa es inseparable de la Iván. La enfermedad avanzó mientras la familia acumulaba ausencias. Cuando su hermano Humberto murió de cáncer, Lalinde contó que permaneció junto a él hasta el último aliento.

Incluso le leyó en voz alta La muerte es un amanecer, de Elisabeth Kübler-Ross.

Quienes tienen la fuerza y el amor para sentarse junto a un moribundo, en un silencio que va más allá de las palabras, sabrán que ese momento no es aterrador ni doloroso.

Era una manera de acompañarlo cuando ya no había nada que hacer contra la enfermedad, salvo permanecer allí como testigo incondicional del dolor.

La muerte de Humberto también tuvo un efecto profundo en Teresa. Según recordó Lalinde, después de esa pérdida ella renunció a una parte de sí misma. El alzhéimer hizo que aquel duelo fuera todavía más difícil de comprender.

No fue la única pérdida. Lalinde también ha hablado de la partida prematura de sus hermanos. Gustavo murió a los siete años; una hermana, siendo aún bebé debido a una condición congénita y otra falleció a los 17 años por leucemia.

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Iván Lalinde junto a sus padres, en un recuerdo de familia anterior a los años en que el alzhéimer comenzó a borrar lentamente los rostros, los nombres y los momentos compartidos. Quedan las fotos.

Además, su padre, Iván Lalinde, murió el 19 de agosto de 2020, durante la pandemia de COVID-19. Dos años después, el presentador recordó en entrevistas esas ausencias y la forma en que sus padres tuvieron que continuar criando a una familia atravesada por el dolor.

Finalmente, Teresa Gallego murió el 22 de diciembre de 2022. Tenía 92 años.

Para entonces, su hijo ya había aprendido que perder a alguien puede comenzar mucho antes de que llegue el último día.

También sabía que algunas despedidas abren la puerta del amor. Por fortuna, Lalinde pudo decirle adiós a su madre y pedirle la bendición. Después contó una frase que resume el tamaño de aquella ausencia: “Cuando mi mamá murió, yo creí que yo me iba a morir”.

Teresa se fue después de haber perdido, poco a poco, palabras, nombres y recuerdos que alguna vez habían sido entrañablemente suyos. Además, hay una crueldad aún mayor en el alzhéimer: saber que alguien puede desaparecer de su propia memoria y, aun así, seguir viviendo intacto en los recuerdos de quienes lo aman.

Iván, ahora, la nombra, cuenta y recuerda. Es su manera, la única posible, de mantenerla viva.

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