El actual jefe es alias Pinocho y lograron abrir una mesa de diálogo en la Paz total de Petro que los fortaleció; hoy están en la mira De la Espriella
En agosto de 2024, el entonces presidente Gustavo Petro decretó la apertura de una mesa de diálogos con las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. La intensión fue crear un espacio de conversación con los paramilitares que mandaban en los alrededores de la Sierra Nevada de Santa Marta de que buscaba avanzar hacia el sometimiento de esa estructura armada.
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Ese anuncio le dio a la organización narcoparamilitar un protagonismo que hasta entonces no había tenido a nivel nacional. La fase exploratoria de esa mesa se cerró a comienzos de 2025, con Óscar Mauricio Silva como delegado del Gobierno Nacional y, por parte del grupo armado, con la presencia y liderazgo de alias Cholo, quien terminó siendo dado de baja el lunes pasado por orden del presidente Abelardo de la Espriella, luego de que el mismo presidente rompiera cualquier intento de negociación días después de posesionarse y de que las autoridades organizaran un operativo contra otro de los cabecillas de la organización, conocido como Bendito Menor.
Conquistadores, la herencia del temible Hernán Giraldo
Conquistadores de la Sierra no es una organización joven. Es la heredera directa del poder que durante más de dos décadas ejerció Hernán Giraldo en la Sierra Nevada de Santa Marta. Conocido como Taladro, un apodo que remite a los abusos sexuales cometidos durante años contra niñas y adolescentes de las comunidades campesinas e indígenas de la región, Giraldo fue el comandante máximo del Frente Resistencia Tayrona, una de las facciones que integraron las extintas Autodefensas Unidas de Colombia. Bajo su mando, esa estructura paramilitar impuso un control territorial que combinaba el negocio de la cocaína con el dominio absoluto sobre la vida cotidiana de los pobladores de la sierra, desde las rutas de acceso hasta los cultivos y el comercio local. Ese poder, construido durante más de dos décadas, no desapareció con la desmovilización de las AUC a mediados de la década de 2000. Se transformó, cambió de nombres y de caras, pero conservó la misma lógica de control armado sobre Santa Marta, La Guajira y el Cesar.


De esa herencia surgieron primero Los Pachenca y, más adelante, la organización que hoy se autodenomina Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. El nombre cambió, pero la estructura de mando, las rutas del narcotráfico hacia el Caribe y los métodos de extorsión a comerciantes, ganaderos y transportadores permanecieron intactos. Durante años, ese poder funcionó de manera casi silenciosa, sostenido en un conocimiento profundamente local del territorio y en alianzas que permitían mantener a raya tanto a la Fuerza Pública como a las estructuras rivales, entre ellas el Clan del Golfo, con el que disputan corredores estratégicos para la minería ilegal y el tráfico de drogas.
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El resultado de ese poder, ahora sin la cobertura política que le dio la mesa de diálogos, es visible hoy en las calles de Santa Marta. La ciudad vive un paro armado que ha vaciado el comercio y ha espantado al turismo de sus playas, uno de los pilares económicos de la región Caribe. Panfletos intimidatorios circulan por los barrios de la capital del Magdalena y se extienden hacia el departamento de La Guajira, con la orden explícita de que nadie salga a las calles y ningún negocio abra sus puertas. Quienes han desafiado esa orden han sufrido ataques directos: locales comerciales que decidieron mantener sus persianas abiertas han recibido disparos como advertencia, un mensaje que la organización utiliza para reforzar el miedo y garantizar el cumplimiento de sus disposiciones. El temor se ha extendido más allá de Santa Marta, hacia poblaciones cercanas de la Sierra Nevada y del Cesar, donde los habitantes describen una sensación de incertidumbre similar a la que marcó los años más duros del paramilitarismo en la región.
Pinocho y los líderes que Abelardo de la Espriella busca por cielo y tierra
En el centro de esa estructura armada aparece Fredy Castillo Carrillo, conocido como Pinocho, señalado por los organismos de inteligencia colombianos como el principal cabecilla político, financiero y estratégico de la organización. Su trayectoria criminal comenzó en las filas del Bloque Resistencia Tayrona, bajo el mando directo de Giraldo, y continuó tras la desmovilización, cuando junto a su hermano reorganizó las redes que darían origen a Los Pachenca. Su prontuario incluye homicidios selectivos, entre ellos el del líder social Alejandro Llinás Suárez, además de concierto para delinquir, extorsión y coordinación de rutas de narcotráfico. En enero de 2022 fue capturado en España por la Interpol y posteriormente extraditado a Colombia, donde llegó a ser designado vocero de la organización en diálogos con el Gobierno Nacional, lo que le permitió obtener libertad provisional bajo una gestoría de paz. Ese beneficio se rompió con el tiempo, y las órdenes de captura en su contra recobraron vigencia, junto con un proceso de extradición activo hacia Estados Unidos que lo mantiene hoy en la clandestinidad. Pinocho ha rechazado públicamente los señalamientos de la Fiscalía, presentándose como un líder social y comerciante víctima del conflicto armado, y ha sostenido que su traslado a España respondió a la creación de una empresa de exportación de mármol y cerámica, además de asegurar que colaboró como informante de las autoridades.


Junto a él aparece su hermano, Carmen Evelio Castillo Carrillo, alias Muñeca, identificado como uno de los máximos jefes militares, financieros y logísticos de la organización. Con una trayectoria criminal de entre dieciocho y veinte años, Muñeca se convirtió en sucesor de Deimer Patiño Giraldo, conocido como alias 80, y asumió el mando junto a Pinocho tras la reorganización de las redes paramilitares heredadas del Bloque Resistencia Tayrona. Las autoridades le atribuyen la coordinación de envíos internacionales de droga que superarían las sesenta toneladas anuales de cocaína hacia Estados Unidos y Europa, así como la orden de homicidios selectivos y extorsiones sistemáticas a comerciantes, ganaderos y transportadores de la región. Fue capturado el 4 de junio de 2024 en Pereira, cuando intentaba ingresar a una clínica para someterse a una cirugía plástica de rostro, un intento de cambiar su apariencia que terminó por delatarlo. En su poder se hallaron celulares y una cédula falsa. Actualmente enfrenta un proceso judicial por concierto para delinquir agravado y uso de documento falso, mientras avanza el trámite de su extradición a Estados Unidos.
El tercer nombre que ha cobrado fuerza dentro de la cúpula es el de Orlando Pérez Ortega, alias Patilizo o Pataliso, ubicado por los organismos de seguridad entre las líneas de mando más altas de la organización. Su relevancia creció tras los golpes operativos que debilitaron otras estructuras de mando, lo que lo llevó a coordinar, junto a Pinocho, corredores estratégicos de movilidad y las economías ilícitas que sostienen el poder armado en la Sierra Nevada. Permanece también en la clandestinidad, bajo asedio constante de la Fuerza Pública y como objetivo prioritario de persecución judicial.
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Lo que dejó la mesa de diálogos con el Gobierno Petro fue, en últimas, una vitrina nacional que la organización nunca tuvo mientras operó en silencio bajo el mando de Giraldo. Esa vitrina se fracturó junto con el proceso, y en su lugar quedó un pulso abierto entre el Gobierno de Abelardo de la Espriella y una estructura que, con la baja de Cholo y la ofensiva contra Bendito Menor, atraviesa hoy su momento de mayor presión desde su reorganización. Santa Marta, con sus calles vacías y sus playas sin visitantes, es el escenario más visible de ese pulso, y también la prueba de que el poder territorial construido por Hernán Giraldo en la Sierra Nevada sigue vigente, más de veinte años después, bajo otro nombre y otros rostros.










