Los campeones del Urabá y el Estado que los dejó atrás

Nixa Zuluaga Henao

Urabá. A esto se suman nombres como Juan Guillermo Cuadrado (Necoclí) y Eléider Álvarez en fútbol y boxeo mundial. Sin embargo, en una zona de menos de 800.000 habitantes y con un registro de unos 10.000 deportistas activos, el respaldo institucional sigue siendo insuficiente.

El contraste: semilleros activos frente al abandono de infraestructura

Nixa Zuluaga Henao, quien conoce a fondo la unidad deportiva de Apartadó y el estadio que lleva el nombre de Ibargüen, señala un contraste alarmante en el territorio. Los semilleros de donde salen los campeones del Urabá siguen funcionando de manera destacada: en los últimos zonales departamentales, Apartadó y Turbo se repartieron la mayoría de los títulos en atletismo, fútbol, pesas y patinaje. Solo en Apartadó se practican 26 disciplinas.

A pesar de este inmenso potencial, la infraestructura básica no alcanza para sostener a la siguiente generación. Pistas de tierra, gimnasios sin techo e implementos dañados son la norma para los jóvenes atletas. El Estado suele celebrar la medalla olímpica cuando llega, pero posteriormente el presupuesto vuelve a centralizarse en las capitales. Así, los clubes de barrio sobreviven exclusivamente gracias a entrenadores que trabajan por vocación y a donaciones ocasionales.

El deporte rural exige políticas de Estado, no visitas de campaña

El olvido institucional tiene consecuencias tangibles. Un niño que hoy entrena en la pista de Caterine Ibargüen podría ser el próximo diploma olímpico de Colombia, pero si la cancha se inunda con el invierno y no hay recursos de transporte para asistir a los torneos departamentales, ese talento se pierde en la vereda.

Ante esta realidad, Zuluaga Henao plantea una solución estructural: el mismo sentido de urgencia que se utiliza para conectar escuelas rurales con internet satelital debería aplicarse al mantenimiento de los escenarios deportivos veredales. Se requiere inversión permanente y no simples visitas durante épocas de campaña. La región ya demostró de sobra que es la principal cuna de los campeones del Urabá; lo que falta es que el Estado deje de ver el éxito de estos atletas como una excepción aislada y empiece a respaldarlo como una verdadera política pública integral.

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