Opinión │La pesadilla de la pandemia, por Gustavo Nieto

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Hace más de un año y medio que comenzó lo que creíamos demoraría tan solo unos meses. Pero pasan las semanas y las cifras no pueden ser más aterradoras. El virus adquirió el temible poder de mutar a versiones cada vez más poderosas y se hace peligrosamente letal. Como un monstruo sin piedad, ataca con fuerza y la increíble irresponsabilidad de muchos le facilita su despiadada tarea.

Acaba de terminar el mes con más muertos desde que comenzó esta pesadilla llamada pandemia: 17.664 personas murieron en junio y al momento de escribir esta columna más de 106 mil en lo que va de toda la emergencia en Colombia.

Estas cifras tienen nombre y apellido, sonrisas que se desdibujaron en una UCI, sueños que se desvanecieron en un ventilador.

El dolor de miles es infinito, es casi imposible no conocer a alguien cercano vencido por este virus. Personas que se fueron a pesar de su valiente batalla. Como Argemiro y Luis Fernando, socios en esta misión de conseguir noticias, compañeros en la tarea de informar. Camarógrafos expertos que gracias a su agudeza eran capaces de convertir en eterno un momento fugaz.

Siempre con la palabra justa, el saludo amable, la sonrisa sincera. De ellos solo recibí respeto, trabajo honesto y una valiosa amistad. A la hora de grabar, la energía y la emoción los desbordaba y se convertían en lentes capaces de captar lo que solo ellos podían ver.

Es imposible caminar por los pasillos o la redacción sin la inevitable sensación de que están por ahí.

-“Hola Tavito!” diría Arge, y sin falta acompañaría el saludo con una amplia sonrisa y un abrazo del alma.

-“Don Gus!” Diría “caballito” un poco más parco, sencillo y sincero como buen campesino que era.

¡Cuánta falta nos hacen!, duele mucho saber que no están, nadie quería que se fueran, claro, pero es que lo más dramático de esta pandemia es que se lleva a la gente antes de tiempo. Estoy seguro que a ellos aún les quedaba mucho tiempo por estos lugares.

Unas líneas atrás escribí que el dolor de muchos es infinito, sí, porque además de los compañeros, se han ido mamás, papás, hermanos, vecinos, primos y casi todos tenemos dibujado en el rostro un gesto que indica que en el corazón tenemos atravesado a alguien que lucha en solitario por salvar su vida. Acompañados por nuestras oraciones y la sabiduría de los médicos, tratan de vencer la enfermedad en medio de la soledad y el ahogo. Pienso en Ernesto y Samara y tantos otros miles que a esta hora se baten en el peor de los escenarios. Ruego porque lo logren. Solo el destino nos dirá al final quién venció.

Pero en medio de la adversidad siempre el ser humano saca a relucir lo mejor de su espíritu y su inteligencia. Por eso convirtió la vacuna en su obra maestra contemporánea.

Y en Colombia su aplicación avanza, el plan del gobierno deja a la fecha más de 18 millones de dosis aplicadas.

Ahí está la posibilidad de conseguir la llamada inmunidad de rebaño y ojalá la opción de reencontrarnos definitivamente, eso si más fuertes, más humildes y más benévolos.

Pero en medio de la oscuridad se encienden otras luces: empresarios comenzarán a aplicar más de dos millones de dosis a sus trabajadores. 285 mil millones de pesos invertidos en la que ha sido calificada como la más grande alianza público-privada de la historia del país, eso, no dudo un segundo en escribirlo, tiene más de valiente, patriótico y solidario que cualquier gesto que haya tenido algún dirigente nacional en las últimas semanas. Digámoslo claro, mientras unos se la juegan por salvar vidas, otros promueven colectas para justificar violencia, incentivar amenazas y radicalizar enfrentamientos.

Es que esta pandemia se ha llevado a miles, Arge y Luis Fer entre ellos, pero también nos ha revelado lo mejor de la condición humana y en otros casos ha servido para quitarles la máscara a algunos y reconocerle méritos a otros. Todo ha pasado en medio de la pesadilla, pero hay esperanza y esa es la mejor de las vacunas.

Por: Gustavo Nieto

Subdirector de Noticias RCN

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