La jurista sudafricana Navanethem “Navi” Pillay ganó el Premio Nobel de la Paz 2026 por su trabajo para llevar ante la justicia a los responsables de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio. El Comité Noruego del Nobel anunció este viernes el reconocimiento a una trayectoria dedicada a defender a las víctimas y fortalecer las normas que permiten resolver los conflictos sin recurrir a la violencia.
La elección también representa un respaldo a la justicia internacional en momentos en que sus instituciones enfrentan ataques y sus jueces son sancionados. El comité destacó el valor y la independencia de Pillay para exigir que los Estados y sus dirigentes respondan por sus actuaciones, incluso cuando los procesos involucran a personas con poder.
“La paz requiere justicia”, señaló el comité en su anuncio. Con esa idea, explicó que el respeto por la ley es una de las bases para evitar que las diferencias entre países se resuelvan mediante amenazas o guerras. También advirtió que, cuando la fuerza se impone sobre las normas, se debilitan la confianza, la estabilidad y la convivencia entre las naciones.
Pillay, de 85 años, nació en Durban, Sudáfrica, en una familia de origen tamil de India. Creció bajo el apartheid, el sistema que separaba a la población por su raza y restringía los derechos de quienes no eran blancos. Ese entorno marcó el comienzo de una carrera en la que enfrentó la discriminación y defendió a quienes luchaban contra ese régimen, entre ellos Nelson Mandela.
Su trabajo pasó de la defensa de los derechos en Sudáfrica a algunos de los procesos más importantes de la justicia internacional. Fue jueza del Tribunal Superior de Sudáfrica, del Tribunal Penal Internacional para Ruanda y de la Corte Penal Internacional. En esos cargos contribuyó a ampliar las herramientas legales para investigar y juzgar graves violaciones de los derechos humanos.
Uno de sus aportes más importantes estuvo relacionado con la violencia sexual durante el genocidio de Ruanda. Según el comité, su influencia fue decisiva para establecer que la violación y otras formas de violencia sexual pueden constituir crímenes de lesa humanidad y actos de genocidio. Ese avance permitió reconocer estos delitos como parte de ataques contra una población y fortalecer la búsqueda de justicia para las víctimas.

El anuncio también destacó su contribución a los procesos por incitación al genocidio mediante propaganda. Estos casos mostraron que la responsabilidad puede alcanzar a quienes promueven la violencia y alientan la destrucción de un grupo, además de quienes ejecutan los ataques. Así, su trabajo ayudó a precisar el alcance de las normas internacionales frente a distintas formas de participación en estos crímenes.
Pillay también fue alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos y, hasta hace poco, presidió la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado. Actualmente, participa como jueza en la Corte Internacional de Justicia en el caso en el que Myanmar está acusado de genocidio.
Para el comité, el hilo que une esos cargos es su compromiso con una misma idea: tanto las personas como los Estados tienen la obligación de cumplir la ley. Su trayectoria ha contribuido a exigir responsabilidades a dirigentes nacionales y a dar esperanza a víctimas de violencia y conflictos que buscan que sus casos sean escuchados.
El reconocimiento se anunció en un contexto de creciente presión sobre el sistema de justicia internacional. El comité advirtió que la política basada en el poder está ganando espacio frente a los acuerdos y las normas comunes. Por eso, sostuvo que el derecho internacional se ha convertido en una necesidad para enfrentar las guerras y proteger la paz.
También reconoció las limitaciones de ese sistema. Las grandes potencias han logrado eludir responsabilidades y los procesos no siempre han tenido los mismos resultados, dependiendo de quién comete los delitos y quién los sufre. Aun así, defendió la importancia de fortalecer los tribunales y recurrir a la diplomacia, los tratados y los mecanismos legales para resolver las disputas.
La elección de Pillay coincide con los 125 años de la entrega del primer Nobel de la Paz. Desde entonces, el premio ha destacado la importancia de resolver los conflictos mediante el derecho internacional. Con el reconocimiento de este año, el comité reafirmó que una paz duradera necesita normas que se respeten, instituciones capaces de aplicarlas y justicia para las víctimas.








