Mientras que Trump sugirió que tendrÃa que âpensarâ si era posible desclasificar la llamada documentación de Roswell (relacionada con el famoso supuesto choque de un ovni y la recuperación de cuerpos extraterrestres).
En el Congreso de EE.UU. se han presentado proyectos para que el Pentágono revele supuesta información relacionada a fenómenos anómalos no identificados. Getty ImagesÂ
El expresidente Bill Clinton afirmó haber enviado a su jefe de gabinete, John Podesta, al Ãrea 51, una instalación altamente clasificada de la Fuerza Aérea de los EE UU, por si alguno de los rumores sobre tecnologÃa extraterrestre en el lugar fuera cierto.
Vale la pena mencionar que Podesta es un entusiasta desde hace mucho tiempo de todo lo relacionado con los ovnis.
El defensor actual más destacado de la divulgación de documentos es el lÃder demócrata del Senado Chuck Schumer. Su proyecto de ley de divulgación de fenómenos anómalos no identificados (UAP, en inglés) de 2023 fue copatrocinado por tres senadores republicanos.
La divulgación del Pentágono finalmente comenzó durante las primeras etapas del mandato de Joe Biden, pero hasta ahora no ha habido nada.
No hay encuentros. No hay nada cercano. Aun asÃ, el ruido de fondo no desaparece.
Todo esto, en última instancia, está alentando teorÃas de conspiración, que podrÃan socavar la confianza en las instituciones democráticas.
Ha habido llamamientos humorÃsticos para asaltar el Ãrea 51. Y después del asalto al Capitolio en 2021, ahora esto parece una posibilidad peligrosa.
Demasiado ruido de fondo sobre ovnis y UAP también puede interferir en la comunicación cientÃfica legÃtima sobre la posibilidad de encontrar vida extraterrestre microbiana.
La astrobiologÃa, la ciencia que se ocupa de estos asuntos, tiene una máquina publicitaria mucho menos efectiva que la ufologÃa.
History, un canal de YouTube en parte propiedad de Disney, ofrece regularmente programas sobre «alienÃgenas ancestrales». El programa está ahora en su vigésima temporada y el canal tiene 13,8 millones de suscriptores.
El área 51 es una zona altamente restringida en el estado de Nevada controlada por el ejército de EE UU El secretismo alrededor de esta base ha dado pie a múltiples historias de ciencia ficción y a teorÃas de conspiración. Getty Images
El canal de astrobiologÃa de la NASA tiene 20.000 suscriptores ganados con esfuerzo. La ciencia real se ve superada en número por el entretenimiento empaquetado como factual.
La amenaza para los pueblos indÃgenas
Las narrativas de visitas extraterrestres también han intentado repetidamente secuestrar y sobrescribir la historia y la mitologÃa de los pueblos indÃgenas.
Los primeros pasos en esta dirección se remontan al cuento de ciencia ficción âExplosión: la historia de una hipótesisâ escrito por Alexander Kazantsev en 1946.
El escrito presenta el evento del impacto del meteorito de Tunguska de 1908 como una explosión similar a la de Nagasaki del motor de una nave espacial extraterrestre.
En el relato de Kazantsev, una superviviente negra gigante ha quedado abandonada, dotada de poderes curativos especiales, lo que la ha llevado a ser adoptada como chamán por el pueblo indÃgena evenki.
La NASA y la comunidad cientÃfica espacial apoyan iniciativas como la Native Skywatchers, creada por las comunidades indÃgenas ojibwa y lakota, para garantizar la supervivencia de las historias sobre las estrellas. Existe una red real y extensa de estudios indÃgenas sobre estos temas.
Pero los ufólogos suelen combinar relatos indÃgenas genuinos sobre la vida que llega de los cielos con cuentos ficticios sobre ovnis, empaquetados como historia suprimida.
Pero la narrativa moderna de las visitas extraterrestres no ha surgido de las comunidades indÃgenas. Todo lo contrario. Surgió en parte como una forma para que los difusores de teorÃas conspirativas de una Europa desgarrada por el racismo âexplicaranâ cómo existieron civilizaciones urbanas complejas en lugares como Sudamérica antes de la colonización europea.
Al pasar por el filtro de la contracultura de la nueva era de los años 60, la narrativa se invirtió para valorar a los pueblos indÃgenas como poseedores de tecnologÃa avanzada.
Hubo un tiempo en que, según esta visión, cada civilización indÃgena era Wakanda, un paÃs ficticio que aparece en los cómics estadounidenses publicados por Marvel.
Si todo esto se quedara en su propia categorÃa, como ficción entretenida, entonces las cosas estarÃan bien. Pero no es asÃ.
Las teorÃas conspirativas sobre visitas extraterrestres también han intentado reescribir las historias indÃgenas sobre el origen de la vida en la Tierra. Getty ImagesÂ
Las narraciones de visitas tienden a sobrescribir las historias indÃgenas sobre el cielo y la tierra.
Este es un problema para todos, no solo para los pueblos indÃgenas que luchan por continuar con las tradiciones auténticas.
Amenaza nuestra comprensión del pasado. Cuando se trata de conocer a nuestros antepasados ââremotos, los restos de la narración prehistórica son pocos y valiosos, como en la narración indÃgena sobre las estrellas.
Tomemos como ejemplo los cuentos de las Pléyades, que en sus formas estándar datan de hace al menos 50.000 años.
Quizá por eso estos cuentos en particular son objeto de una intensa crÃtica por parte de los entusiastas de las visitas extraterrestres, algunos de los cuales incluso afirman ser âpleyadianosâ.
No es de extrañar que los pleyadianos no se parezcan a los lakota o a los ojibwa, sino que son sorprendentemente rubios, de ojos azules y nórdicos.
Cada vez resulta más evidente que la creencia en las visitas extraterrestres ya no es sólo una especulación divertida, sino algo que tiene consecuencias reales y perjudiciales.
Puedes leer la versión orginal de este artÃculo publicada en inglés por The Conversation.*
Tony Milligan investiga sobre filosofÃa de la ética en el King´s College de Londres.*