La encuesta difundida desde la cuenta de X de La Hora de la Verdad no fue un ejercicio neutral ni espontáneo de opinión ciudadana. Por el contrario, existen elementos suficientes para sostener que su diseño, difusión y manejo operativo estuvieron orientados a mejorar la imagen pública de Abelardo de La Espriella, presentándolo como un supuesto favorito en la contienda presidencial de 2026.
Las encuestas en redes sociales no solo dependen de quién vota, sino de quién puede votar y en qué momento. En este caso, el contexto técnico es clave: alrededor de las 11 de la noche se produjo un ataque por saturación de peticiones (DDoS) contra el enlace de votación. Este tipo de ataque no busca “hackear” resultados, sino bloquear el acceso, impidiendo que usuarios reales puedan participar.
El bloqueo como herramienta de manipulación
Cuando la plataforma X detecta tráfico anómalo o abusivo, activa mecanismos automáticos de protección. El resultado práctico es la suspensión o limitación del enlace, lo que deja a miles de usuarios sin posibilidad de votar. En una encuesta política, esto altera el principio básico de participación abierta y convierte el resultado en una foto incompleta y sesgada.
El efecto es evidente: la encuesta deja de reflejar una competencia abierta y pasa a consolidar el liderazgo del candidato que ya acumulaba ventaja o cuya base estaba mejor coordinada en las primeras horas. En este escenario, Abelardo de La Espriella fue el beneficiario directo, no por un crecimiento orgánico de respaldo, sino por la interrupción del proceso.
La narrativa defensiva de La Hora de la Verdad
Normalizar la anomalía para legitimar el resultado
El informe presentado por La Hora de la Verdad insiste en que “no hay evidencia” de manipulación porque el enlace hoy es visible y porque la encuesta cerró dentro del tiempo programado. Ese argumento es débil. La manipulación no está en el cierre, sino en la indisponibilidad previa del enlace, justamente en el momento de mayor interacción ciudadana.
Además, el propio reporte reconoce una limitación fundamental: X no ofrece datos granulares sobre horarios de voto ni bloqueos temporales. Aun así, se afirma que todo fue normal. Esa postura no es técnica, es política.
El impacto en las elecciones
La encuesta no puede considerarse real ni confiable. Fue funcional a una estrategia de posicionamiento, no a una medición honesta. Presentar esos resultados como expresión de voluntad ciudadana solo sirve para inflar artificialmente la imagen de Abelardo de La Espriella, utilizando una votación digital vulnerable como herramienta de propaganda. No fue una encuesta: fue un recurso de narrativa política.








