En la política, las imágenes no solo registran el pasado; pregonan el futuro. La fotografía de Iván Cepeda en gestos de profunda camaradería con Jesús Santrich e Iván Márquez ha dejado de ser una simple anécdota de los diálogos de paz para convertirse en una sombra que cuestiona su aspiración a la Presidencia en 2026.
Ante su consolidación como el candidato del Pacto Histórico, los colombianos enfrentan una pregunta de fondo: ¿Es este el liderazgo que el país necesita?
El Candidato de los Abrazos y la Reincidencia
La cercanía de Cepeda con figuras que traicionaron la confianza del Estado para fundar la Segunda Marquetalia no es un detalle menor. Mientras el país intentaba pasar la página de la violencia, Márquez y Santrich retomaron las armas y el narcotráfico, demostrando que el “abrazo” del establecimiento, representado en figuras como Cepeda, no fue un puente hacia la paz, sino, para muchos, una validación de la impunidad.
Si Iván Cepeda no pudo o no quiso marcar una distancia ética clara con quienes terminaron liderando la Segunda Marquetalia, ¿qué garantías tiene Colombia de que, desde la Casa de Nariño, priorizará el imperio de la ley sobre las afinidades ideológicas con grupos reincidentes?
La Memoria de Miguel Uribe: El Dolor que el Candidato Ignora
La validez de un líder se mide por su empatía con las víctimas, no por su calidez con los verdugos. El nombre de Miguel Uribe Escobar, asesinado por las FARC tras un cruento secuestro, es el recordatorio de una deuda de justicia que aún sangra en la memoria nacional.
Resulta, por decir lo menos, doloroso para la democracia que mientras una generación de líderes ha tenido que crecer bajo la sombra del asesinato de sus padres, como es el caso de la familia Uribe, Cepeda aparezca en registros históricos celebrando con los arquitectos de ese mismo dolor. ¿Cómo puede aspirar a la presidencia quien parece sentirse más cómodo en el abrazo con el criminal que en el consuelo a la víctima?
¿Un salto al vacío?
Colombia se encamina a unas elecciones donde se decidirá si se premia la ambigüedad moral o si se busca un liderazgo que respete la institucionalidad. La candidatura de Iván Cepeda representa la institucionalización de una cercanía con la insurgencia y sus disidencias que resulta inaceptable para quienes exigen justicia real.
Un presidente debe ser el símbolo de la unidad y la ley. Sin embargo, cuando la trayectoria de un candidato está marcada por el respaldo a quienes conformaron la Segunda Marquetalia y desangraron al país asesinando a hombres como Miguel Uribe, el interrogante es inevitable: ¿Es este, realmente, el presidente que Colombia quiere? La respuesta estará en las urnas, pero la indignación ya es un clamor nacional.









