El primero de mayo se celebró el Día del Trabajador, y en el área metropolitana de Cúcuta algunas personas lo vivieron desempeñando los antiguos oficios que les han brindado sustento por décadas, mientras la Inteligencia Artificial (IA) empieza a asomarse en el mundo laboral.
En un recorrido realizado por este medio en distintos sectores, se conoció la historia de algunos colombianos que, pese a los nuevos tiempos continúan dedicándose a los primeros trabajos que aprendieron y, a los cuales les han guardado un profundo amor.
Un ejemplo de ello es Zeudiel Ramírez, quien desde 1978 se ha dedicado a tomar fotografías en el parque Santander.
Según afirmó Ramírez, el oficio lo aprendió gracias a un amigo que ya trabajaba en el lugar y que le dio su primera cámara.“En la década de 1980 podíamos estar tomando 20 fotos al día, lo que nos daba incluso para sostener a nuestras familias. Esto cambió luego de los años 90, cuando la gente fue adquiriendo sus propias cámaras y después los celulares”, relató.
Además, el fotógrafo reveló que hoy en día puede estar tomando un promedio de cinco fotos al día. También contó que los cambios tecnológicos y la necesidad de generar ingresos lo llevó a adaptarse a los nuevos dispositivos.
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Una situación similar vive Expedito Pacheco, quien desde 1976 se dedica a arreglar y lustrar zapatos. De acuerdo con su testimonio, la razón que lo motivó a adentrarse en este oficio fue la alta demanda que tenía hace 50 años.
“Atendíamos hasta 100 clientes en un día, lo que nos daba para pagar todos nuestros gastos. Actualmente tenemos un promedio de diez. Aunque no es lo mismo que antes, me sigo dedicando a esto por mi edad y porque es lo que aprendí”, expuso Pacheco quien aseguró que este panorama laboral comenzó a cambiar drásticamente en el año 2.000.
A pocos kilómetros de Cúcuta, en el centro de Villa del Rosario, se ubica el relojero Luis Suarez quien este 2026 cumple 40 años dedicado a este oficio.
Suarez recordó que aunque desempeñar esta labor no estaba dentro de sus planes, se convenció por la misma al observar las ganancias que dejaba.
“Era tan buena que incluso llegué a tener empleados. Aproximadamente recibíamos 30 relojes al día, pero desde hace 15 años esto cambió. Ahora solo trabajo yo y hay días en los que arreglo tres, o ningún reloj”, concluyó Suarez, quien atribuyó este panorama a la inseguridad, las nuevas prioridades de las personas, y a la evolución tecnológica.
Pese a los retos que atraviesan los protagonistas de estas historias, su madurez los ha llevado a entender que aunque sus disciplinas pueden extinguirse algún día, eso no es excusa para dejar de esforzarse









