Hay gobiernos que dejan una administración, el de Petro dejó una cadena de empalmes
Mientras el país entra en la transición hacia el gobierno electo de Abelardo de la Espriella, la discusión pública se concentra en las cifras económicas y en las reformas aprobadas. Pero existe un balance menos visible y quizá más decisivo: la estabilidad institucional del propio Gobierno y la calidad del empalme que deja a su sucesor. Porque si algo caracterizó al cuatrienio de Petro fue vivir permanentemente en empalme, como si nunca hubiera terminado de arrancar. Nadie duró.
Las administraciones no se juzgan solo por las leyes que aprueban o las obras que inauguran. También se miden por su capacidad para construir equipos sólidos, sostener la continuidad y ejecutar políticas públicas con funcionarios que permanezcan el tiempo suficiente para convertir las ideas en resultados. En ese terreno, el gobierno Petro deja un registro excepcional: no por su estabilidad, sino por su rotación. Y esa rotación afecta directamente la calidad del empalme que recibe Abelardo de la Espriella.
Un gobierno que nunca salió del empalme
Durante el cuatrienio, la Casa de Nariño vivió una reconfiguración permanente de su equipo directivo. El balance final es contundente: 65 ministros, incluyendo encargados; 134 viceministros; 6 directores del DAPRE; y cerca de 20 superintendentes. En total, más de 225 nombramientos en los niveles más altos del Ejecutivo.
Las cifras se vuelven todavía más elocuentes cuando se traducen en tiempo. En promedio, cambiaba un ministro cada 21 días, un viceministro cada 10 días, un director del DAPRE cada ocho meses y un superintendente cada dos meses y medio. El Gobierno vivió en una debacle constante. En otras palabras: nunca dejó de estar empalmando.
Ese dato no es menor para el gobierno entrante. Un Estado que cambia de responsables con esa frecuencia pierde continuidad y deja una transición debilitada, con expedientes abiertos, prioridades inconclusas y memorias institucionales fragmentadas. La calidad del empalme que Petro puede garantizarle a Abelardo de la Espriella está condicionada por esa inestabilidad.
La comparación con gobiernos anteriores
La pérdida de la memoria institucional
Cambiar ministros tiene un costo que rara vez aparece en las estadísticas. Cada funcionario nuevo necesita entender la entidad, conocer los programas en marcha y construir confianza con su equipo técnico. Ese proceso no ocurre en días ni en semanas.
Diversos exfuncionarios han señalado que un ministro requiere entre seis meses y un año para comprender plenamente una cartera. Cuando los cambios llegan antes de consolidar ese aprendizaje, la administración pierde continuidad y el Estado entra en una curva permanente de adaptación.
El bloque técnico que tampoco sobrevivió

Pocas designaciones resumieron mejor la apuesta inicial del Gobierno que las de José Antonio Ocampo, Cecilia López y Alejandro Gaviria, Jorge Iván González e infinidad de técnicos de libre nombramiento y remoción. Los tres representaban perfiles técnicos, experiencia y capacidad de interlocución con sectores distintos al
La rotación en el núcleo político
Otro grupo de nombres ayuda a entender la inestabilidad del centro del poder: Álvaro Leyva, Luis Fernando Velasco, Laura Sarabia con un largo etcétera, incluyendo numerosos corruptos que están en la cárcel.
El DAPRE y las 20 superintendencias
El Departamento Administrativo de la Presidencia debería ser el principal articulador de la gestión gubernamental. Sin embargo, durante el cuatrienio pasaron seis directores por esa entidad, con una permanencia promedio cercana a ocho meses. Cada nuevo director llegó con prioridades distintas y reorganizó equipos. El resultado fue una pérdida de continuidad precisamente en la entidad llamada a garantizarla.
Las cifras cuentan una historia
Cuando las cifras se observan en conjunto, aparece un panorama difícil de ignorar:
Ministros 65, viceministros 134, directores del DAPRE 6, Superintendentes 20 y un sinnúmero de empleados de primer nivel en entidades del Estado
Más de 225 nombramientos en la alta dirección del Estado. Traducido al calendario, el Gobierno registró en promedio un ministro nuevo cada 21 días, un viceministro nuevo cada 10 días, un director del DAPRE cada ocho meses y un superintendente cada dos meses y medio.
Las cifras no califican por sí solas un gobierno, pero sí permiten medir su estabilidad administrativa. Y en este caso la conclusión es clara: el gobierno Petro vivió siempre en empalme, como si la transición nunca hubiera terminado.
El verdadero reto del gobierno entrante
Ahora comienza el empalme con Abelardo de la Espriella. Más allá de ministerios, presupuestos, contratos y programas sociales, el nuevo gobierno heredará una estructura administrativa marcada por la rotación de sus principales responsables y numerosos funcionarios contratados como el empleo militante para la campaña que perdió Iván Cepeda.
La primera tarea del nuevo gobierno no será solo formular nuevas políticas. Será reconstruir la estabilidad institucional. Porque ningún Estado puede ejecutar políticas públicas de largo plazo cuando sus equipos directivos cambian de manera permanente.
La historia juzgará los aciertos y errores del gobierno Petro en muchos frentes. Pero hay un dato difícil de controvertir: pocos gobiernos colombianos cambiaron tantas veces a quienes tenían la responsabilidad de ejecutar su programa. Ni hablemos de los interrogantes sobre el manejo de los recursos, el derroche y el escaso incumplimiento del Plan de Desarrollo.
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