Hace dos años, Daniel Muñoz veía cómo la Selección Colombia disputaba una final sin él. Vestido de civil, con la frustración todavía fresca por la expulsión frente a Uruguay, solo podía imaginar cómo habría sido recorrer la banda derecha en el partido más importante de su carrera. Mientras sus compañeros luchaban por el título de la Copa América, él cargaba con el peso de una decisión tomada en cuestión de segundos.
Hoy, la imagen es completamente distinta. En el Mundial de 2026 ya no mira el partido desde afuera: lo juega, lo decide y lo celebra. Sus goles frente a Uzbekistán y República Democrática del Congo lo convirtieron en uno de los nombres propios de la Tricolor, que este 3 de julio enfrenta a Ghana por un cupo a los octavos de final.
Sin embargo, esa revancha no comenzó en una cancha de Estados Unidos, Canadá o México. Empezó muchos años antes, cuando el fútbol parecía darle la espalda una y otra vez. Antes de convertirse en uno de los laterales más completos de Sudamérica, Daniel Muñoz tuvo que aprender que en la vida, igual que en un partido, no siempre gana el que mejor empieza, sino el que encuentra la fuerza para seguir corriendo cuando todo parece perdido.
De barrista de Nacional a recorrer Colombia detrás de una oportunidad
Daniel Muñoz nació el 26 de mayo de 1996 en Amalfi (Antioquia). En ese municipio del nordeste antioqueño, creció entre calles de tierra, canchas improvisadas y tardes enteras persiguiendo un balón. El fútbol ocupaba buena parte de sus días, mientras otro sentimiento empezaba a crecer con la misma intensidad: el amor por Atlético Nacional.
Mucho antes de vestir la camiseta verdolaga, la alentó desde las tribunas. Viajó como barrista a diferentes ciudades para seguir al equipo de sus amores. En las graderías cantaba, saltaba y soñaba. Mientras miles de aficionados imaginaban cómo sería jugar con Nacional, Daniel lo hacía convencido de que algún día dejaría el cemento de la tribuna para pisar el césped del Atanasio Girardot.
Sin embargo, el camino hacia ese sueño estuvo lleno de desvíos. A diferencia de otras figuras del fútbol colombiano, nunca apareció como una de las grandes promesas del país. Tocó puertas en distintos clubes, se presentó a pruebas en varias regiones de Colombia e incluso buscó oportunidades en México, España e Italia. Cada viaje terminaba igual: una respuesta negativa y el regreso a casa con el bolso más pesado de lo que había llegado.
Mientras otros futbolistas de su generación debutaban en primera división, Daniel Muñoz hacía cuentas. Los guayos empezaban a parecer un gasto y no una inversión. Cada prueba fallida significaba otro pasaje, otro sacrificio económico y otra ilusión rota. El balón dejó de ser un proyecto de vida para convertirse en un recuerdo incómodo. Con apenas 19 años, ya imaginaba un futuro lejos de las canchas: conseguir una visa, trabajar en Estados Unidos y aceptar que, algunas veces, los sueños también se alcanzan por cansancio.
La visa que le negaron terminó cambiando la historia de Daniel Muñoz

La decisión parecía definitiva. Ayudar económicamente a su familia era una prioridad y el fútbol ya no ofrecía respuestas. Estados Unidos aparecía como el siguiente destino. No para jugar, sino para trabajar.
Parecía el pitazo final para su historia con el fútbol. La decisión de emigrar ya estaba tomada, pero el destino, que tantas veces le había cerrado una puerta, esta vez volvió a hacerlo por una razón distinta: la visa le fue negada. Lo que en ese momento sintió como otra derrota terminó siendo el rebote que necesitaba el partido más importante de su vida.
Sin la posibilidad de viajar, permaneció en Medellín. Cuando el reloj parecía agotarse apareció una oportunidad inesperada en Total Soccer, una escuela de formación donde volvió a entrenar con disciplina. Era dos o tres años mayor que la mayoría de sus compañeros, pero también el que más urgencia tenía por demostrar que todavía podía llegar.
Allí volvió a sentirse futbolista. Los entrenamientos dejaron de ser un refugio para convertirse nuevamente en una vitrina. Ese rendimiento llamó la atención de Águilas Doradas, el club que finalmente le dio la primera oportunidad profesional.
Debutó en 2018, cuando ya tenía 22 años, una edad en la que muchos jugadores ya acumulan varias temporadas en primera división. En el fútbol, un rechazo puede dejarte en el banco; en la vida, puede dejarte sin sueños. Daniel conoció ambas sensaciones antes de ponerse por primera vez una camiseta profesional.
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Del hincha que cantaba en la tribuna al jugador que llegó a Europa
En Águilas Doradas disputó 32 partidos y marcó tres goles. Bastó una temporada para despertar el interés del club con el que había crecido soñando.
En 2019, llegó a Atlético Nacional por pedido de Juan Carlos Osorio. Aquellas tribunas desde donde alentó durante años ahora lo recibían desde el césped. El muchacho que viajaba con los barristas terminó entrando al estadio por el túnel de los futbolistas.
Su rendimiento fue inmediato. Disputó 15 partidos en el primer semestre y terminó consolidándose como una de las piezas más valiosas del equipo. El sueño apenas comenzaba.
Poco después apareció el Genk de Bélgica. Allí permaneció cuatro temporadas y dio el salto definitivo al fútbol de élite. En enero de 2024, Crystal Palace pagó cerca de 10 millones de euros para incorporarlo a la Premier League, donde rápidamente se convirtió en uno de los jugadores más importantes del equipo.
La vida volvió a regalarle otra escena inolvidable en mayo de 2025. Crystal Palace derrotó al Manchester City y conquistó la primera FA Cup de su historia. Muñoz fue elegido el mejor jugador de la final. Frente a los micrófonos intentó explicar la felicidad del momento, pero el recuerdo de la Copa América apareció de golpe. Las lágrimas interrumpieron la entrevista cuando recordó que un año antes no había podido jugar la final con Colombia por la expulsión frente a Uruguay.
De una expulsión en tres minutos al líder de la Selección Colombia
Su historia con la camiseta amarilla también comenzó cuesta arriba. El 4 de junio de 2021, Reinaldo Rueda lo hizo debutar frente a Perú por las Eliminatorias al Mundial. Entró al minuto 56. Tres minutos después vio la tarjeta roja.
El sueño de representar a Colombia duró menos de lo que tarda un futbolista en encontrar el ritmo de un partido. Muchos jugadores quedan marcados por un debut así. Daniel Muñoz decidió convertirlo en otro aprendizaje.
Con la llegada de Néstor Lorenzo, encontró continuidad. Durante 2024, marcó goles frente a España, Paraguay, Brasil y se consolidó como el dueño de la banda derecha de la Tricolor.
En el Mundial de 2026 confirmó que su influencia iba mucho más allá de defender. Marcó el primer gol de Colombia en el torneo frente a Uzbekistán y volvió a aparecer contra República Democrática del Congo. Corría el minuto 76 cuando Juan Fernando Quintero filtró un pase profundo, Jhon Córdoba protegió el balón y Muñoz apareció libre por la derecha para definir con tranquilidad. Los mismos metros que durante años recorrió buscando una oportunidad ahora lo llevaban directo al gol.
Al terminar el encuentro, lejos de quedarse con el protagonismo, resumió el espíritu del grupo: “Aquí la figura se llama Colombia”.
Hoy, mientras la Selección Colombia se prepara para enfrentar a Ghana por un lugar entre los mejores del Mundial, Daniel Muñoz llega como uno de los jugadores más determinantes del equipo. Hace apenas unos años imaginaba una vida trabajando lejos del fútbol; hoy es el máximo goleador colombiano en la Copa del Mundo 2026 y uno de los futbolistas más confiables para Néstor Lorenzo.
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