Su párpado caído nunca minimizó su talento, empezó en el teatro a los 17 años, llegó a la TV y se convirtió en uno de los actores más queridos por los directores
Revisa el libreto por quinta vez, memoriza antes que den la señal para que suba el telón. Álvaro se mueve tras bambalinas con la energía de quien empieza su carrera, ignorando por completo el peso de un párpado que insiste en cerrarse solo y las décadas de experiencia sobre las tablas y frente a las cámaras.
Álvaro Bayona, actor colombiano con una extensa trayectoria artística que se originó en la década de 1980, sigue vigente. En sus inicios se formó de manera autodidacta y, más adelante, consolidó formalmente su carrera al graduarse como maestro en arte dramático en la Universidad de Antioquia, gracias a un proceso de profesionalización respaldado por la Ley del actor.
Aunque su escuela fundamental y su gran pasión siempre han sido las tablas, Bayona incursionó con enorme éxito en el mundo audiovisual. Su inicio en la televisión se dio en 1991 de la mano del reconocido productor Dago García y de Luis Felipe, quienes lo convocaron para coprotagonizar la telenovela “La vida secreta de Adriano Espeleta”, interpretando al personaje de Rolando Sáchica. Los productores tomaron la decisión de llamarlo tras quedar impresionados por su brillante desempeño en la obra teatral El deleitoso.
A pesar de que en aquella época existía cierta resistencia y prejuicios entre los actores formados puramente en el teatro de tablas frente a la televisión, llegando a catalogarse el paso a la pantalla chica como un acto de “prostitución” artística, Bayona asumió el reto a sus 30 años. El actor sentía que ya estaba plenamente preparado y maduro para afrontar este nuevo lenguaje, desmitificando con su trabajo posterior que se perdiera la esencia actoral al trabajar frente a las cámaras.
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Producciones más importantes y reconocimientos
Desde su debut televisivo, Bayona se convirtió en uno de los actores de reparto y antagonistas más cotizados y respetados de Colombia. Entre sus producciones más representativas se encuentran “En cuerpo ajeno” (1992), en donde interpretó a Walter Franco y con el que obtuvo el premio Oro Iberoamericano (TVyNovelas) a Mejor actor de reparto; “La viuda de Blanco” (1996) donde personificó a Laurentino Urbina, ganando el premio Oro Iberoamericano como Mejor actor antagónico y “Pedro el escamoso” (2001-2003), en donde dio vida al inolvidable Pastor Fernando Gaitán García, papel que repitió en sus secuelas y spin-offs.
Este último personaje es considerado un hito en su carrera debido a que se alejó por completo de las caricaturas con las que usualmente se retrataban los personajes homosexuales en la televisión, abordándolo desde la verdad, el amor imposible y un humor respetuoso. Por este trabajo, ganó el premio Oro Iberoamericano a Mejor actor de reparto en 2002 y un lugar en el corazón de la comunidad LGBTI.

El cine ha sido su tercer escenario. Allí aparece en paisajes icónicos de la cinematografía nacional. En “La gente de la Universal” (1994) interpretó un celador que se deja sobornar por los detectives criollos. Más adelante, en “La pena máxima” (2001), se convirtió en el gordo Sanabria, miembro de una familia de matones futbolera. Finalmente, en “Te busco” (2002) estuvo involucrado con una orquesta y sus peripecias. En las tres oportunidades, usó su tic en la construcción del personaje.
Un rasgo físico único: la ptosis palpebral
Padece ptosis palpebral, sí, pero esa condición es un detalle minúsculo en una biografía profesional gigantesca. Lejos de recluirse o esconderse avergonzado, su respuesta a la afección ha sido la de siempre: más teatro, más interpretaciones y una capacidad admirable para construir con un padecimiento personajes memorables.
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Aunque la inmensa mayoría de los casos de ptosis palpebral se corrigen mediante una intervención quirúrgica para mejorar el campo de visión y la apariencia física, nunca quiso someterse a la operación. El actor relata que, si bien en algún momento de su vida llegó a contemplar la posibilidad de hacerlo, finalmente no lo hizo. Siempre ha recalcado que se acepta como es y por eso sonserva su rostro intacto.
De esta manera, su ojo caído jamás representó una limitante o un obstáculo en su carrera, sino que se transformó en su sello personal y en una muestra de que su éxito radica en su talento y credibilidad actoral y no en los estándares físicos convencionales.
Actualmente, se encuentra en temporada en la Casa del Teatro Nacional con la obra “Bahía y el ángel caído”. Allí, se consolidó como un actor que nunca ha necesitado una mirada perfecta para convertirse en leyenda viva.
La historia es un thriller psicológico, escrito y dirigido por los hermanos Ricardo y Nicolás Dávila. En la producción, Bayona comparte escenario con un talentoso elenco conformado por Isabella Gómez, Ramistelly Herrera, Esteban Godoy y Kim Arévalo. La obra presenta una experiencia sumamente innovadora para los espectadores, puesto que los invita a interactuar de forma activa y tomar decisiones morales que determinarán cuál de los tres finales alternativos tendrá la historia
La temporada de esta profunda reflexión sobre la justicia y el dolor va hasta el 11 de julio con funciones los jueves, viernes y sábados a las 8:00 p.m.









