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El modelo cooperativo en Colombia propone una hoja de ruta clave para el desarrollo territorial hacia los próximos años. Carlos Acero, presidente de Confecoop, habló acerca de los retos que este modelo financiero enfrenta en el país, destacando al sistema tributario y al 4×1000, y detalló cómo el cooperativismo planea respaldar la reactivación económica del nuevo gobierno.
¿Cómo van hoy las cifras de las cooperativas en el país?
Hoy hay cerca de 4.000 cooperativas que reportan información al Estado.
Entre ellas hay 174 cooperativas de ahorro y crédito, cuatro cooperativas financieras, un banco de naturaleza cooperativa, dos cooperativas de seguros, una compañía de financiamiento comercial y una fiduciaria del sistema cooperativo. Eso es lo que llamamos en general el sistema financiero cooperativo.
¿Cuántas cooperativas pretenden establecer en los próximos cuatro años?
Pienso que, si hay voluntad política de manera sistemática, por lo menos se pueden conformar 1.500 cooperativas en los 32 departamentos, que si se divide esto, son 10 o 12 cooperativas por año.
En el Eje Cafetero estamos pensando cómo ayudar a organizar a las personas para que, una vez se retire la ayuda de emergencia, una vez se acabe la solidaridad normal y una vez se encuentren con la realidad, la gente no quede en el aire, sino que procuremos organizarnos.
¿Cuál es la participación en la economía colombiana del sector cooperativo?
Nosotros, como cooperativismo, no somos un sector económico, porque las cooperativas somos una forma de organización empresarial.
Hoy, las cooperativas participamos en cerca de 26 o 28 actividades económicas: salud, educación, vivienda, servicios, minería, transporte, entre otras, entonces no se puede medir el PIB de este componente. Sin embargo, le hemos pedido al Estado, a través del Dane, que creemos una cuenta satélite para estos efectos, pero puede estar en el orden de 2% del PIB si se midiera. Es una aproximación.
¿Cómo está el sector con respecto al impuesto de 4×1.000?
Creo que el tema de la exención fue una buena idea, pero mal ejecutada. Cuando se definió la norma, se pensó para 30 bancos. Y al implementarla, parece no contemplar a otros actores del sistema financiero. Las cooperativas siempre hemos dicho que lo primero que debe acabarse es el 4×1000, pero la situación fiscal del país creo que no da para eso.
El Perfil









