Texto escrito por: Carmelo Antonio Rodríguez Payares
La noticia comenzó a sacar la cabeza en medio de la bulla que originaban los vehículos en las calles el 16 de julio en honor a la virgen del Carmen; pero permanecía opacada por el ruido político que venía de un presidente electo y su martingala de querer posesionarse en medio de un pelotón de soldados; hasta que aterrizó de barriga el lunes 20 festivo, cuando todos andábamos en la celebración de las fiestas patrias por los 216 años de la Independencia de Colombia.
¿Y cuál era la noticia? Pues que el tradicional pesebre navideño que todos los años era el imán que atraía a centenares de turistas al bello municipio de Venecia, en el suroeste de Antioquia, no iba más. Dicho así no produce nostalgia ni dolor alguno, pero para quienes lo conocieron, saben que fue su mejor regalo navideño en los últimos 20 años.
La idea le surgió al arquitecto Luis Fernando Betancur Merino cuando supo que nunca más se podría desprender de su alma de niño, y para ello se propuso construir un pesebre que recreara el maravilloso regalo que tiene la cristiandad cuando nace el Niño Jesús en un sitio lleno de pajas, en medio de animales: una burra, un buey, todo bajo el asombro y la perplejidad de sus padres: María y José.
Eso fue en el diciembre de 1982 cuando el artista, si así se puede llamar, apenas tenía unos 17 años y su material era el famoso cartón paja, pero solo se pudo exhibir una vez, ya que poco tiempo después su proyecto sufrió un desperfecto por un accidente en la bodega donde estaba guardado.
Esta primera experiencia sirvió como base para que, años más tarde, en el 2004, naciera la que hasta el diciembre pasado fuera una tradición para “propios y extraños”, hasta el punto de llegar a convertirse en un destino obligado en las agendas de muchos, tanto allá en la bella Venecia, como los que por oídas escucharon hablar de esa belleza como preludio para celebrar una época en donde todos parecemos regresar a nuestros orígenes: La Navidad.
Aunque la noticia no ha tenido el eco suficiente ni la trascendencia que merece, muchos de quienes tuvimos el privilegio de conocer el portento de obra que, como por arte de magia, sale de las manos del arquitecto Betancur Merino, sabemos que con el correr de los días tendrá su verdadero impacto.
No estoy muy seguro, pero me atrevo a apostar que una de las personas que todavía no le ha dado crédito a la noticia, muy a pesar de su profesión, es al bueno de Óscar Andrés Sánchez Álvarez, de profesión periodista, politólogo y político.

Este personaje es reconocido principalmente por su gestión como alcalde del municipio de Venecia en el período 2020-2023 y por su actual cargo como Director de Turismo de Antioquia.
Su trayectoria combina la experiencia en el servicio público, el periodismo y la promoción del desarrollo regional, de allí su compromiso por hacerle promoción a una obra que por años fue el distintivo de Venecia en el último mes de cada año y los primeros días del enero siguiente.
Fue gracias a él, a su entusiasmo y a su gran capacidad de convocatoria, respaldado por algunos comerciantes locales, que días antes de la inauguración oficial del famoso Pesebre, un enjambre de periodistas llegaba a propagar la noticia, como si fuera de última hora.
A su regreso a las bases, los periodistas hacían su papel: difundir al mundo entero la buena nueva de que Venecia era el epicentro por excelencia del “Pesebre más Grande del Mundo”. Vayan y verán y se convencen, decían los titulares.
Entonces, desde el siguiente día, Venecia comenzaba a recibir a cientos de curiosos que querían constatar que era verdad tanta belleza y no eran vainas inventadas cubiertas en la inocencia del Niño que nació en Belén.
Un poco desencantado con aquella noticia, hablé con el autor de la obra y en pocas palabras me dijo que: “El traslado del Pesebre se debe a que ya no cabe en el espacio que la iglesia San José nos concedía de manera generosa cada año. Empezó junto al sagrario hasta llegar a ocupar una nave entera de una puerta y el año pasado llegó hasta la segunda y la iglesia tiene tres. La diócesis me informed que no era posible que creciera más, y eso lo entiendo muy bien porque prima la iglesia, las misas, ni más faltaba porque el pesebre era otro accesorio”.
“Entonces empecé a tocar puertas en Medellín y EPM me aceptó la propuesta de traerlo y me apoyan en la parte logística. Es por esa razón que el pesebre se viene para Medellín y va estar en el primer piso del Edificio Inteligente, anexo a los alumbrados del río.
“Entonces eso va a desatar unas cosas positivas, por ejemplo, que lo van a poder visitar muchas más personas, que tendrá un crecimiento ilimitado porque cada año puedo hacer que el pesebre sea más bonito y más grande, con sorpresas nuevas para la gente y esto es lo que yo necesito también, porque la esencia del pesebre es esa: mandar un mensaje de Navidad, de amor, de fraternidad a todas las familias colombianas”.
“Entonces allí va a hacer más conocido y más visitado”.
“Con relación a Venecia, eso tendrá unos efectos colaterales que son inmanejables para mí, de tipo económico, turístico y pienso que sus habitantes deben estar en el conocimiento de que por tantos años recibieron este beneficio, pero el tema es de espacio, ya no cabía allá”.
A sabiendas de las reacciones, el arquitecto se puso en paz con sus paisanos y les hizo llegar una carta pública que aquí nos permitimos resumir:
Deseo expresar mi cariño y profunda gratitud hacia mi pueblo Venecia, por tantos años de calurosa acogida y entrañable afecto hacia mi pesebre, y a la vez manifestar con gran pesar que este año no será instalado en este municipio.
Con sentimientos encontrados y tristeza por no poder seguir compartiendo el pesebre en Venecia, agradezco profundamente a la Parroquia, a la administración municipal, al comercio, a toda la comunidad, y a cada persona que durante tantos años ha acompañado y querido mi obra.
Mi gratitud y cariño hacia Venecia permanecerán siempre. Este no es un adiós, sino un nuevo camino para una obra que necesita espacio para seguir creciendo y llevar su mensaje a muchas más personas.
Con cariño y profunda gratitud,
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