¿Martillo a la Alcaldía de Cali?

¿Martillo a la Alcaldía de Cali?

Espero que el próximo año llegue a la Alcaldía alguien que ame esta ciudad como yo, pero con la preparación, experiencia, visión y ganas que a mí me faltan

La primera vez que me preguntaron, me dio risa. La segunda, curiosidad, y a partir de la tercera ocasión me comencé a preocupar. Y es que Cali anda circulando una lista de posibles candidatos a la Alcaldía en la que alguien, por exaltarme o por joderme, me incluyó.

La preocupación llegó a su punto máximo el lunes pasado cuando asistí a un almuerzo que Fenalco organizó en reconocimiento por la tarea cumplida, durante la jornada electoral, por las Fuerzas Militares, la Policía y la Registraduría. 

Pues resulta que por lo menos la mitad de los asistentes a esa reunión me preguntó si era verdad que yo pensaba lanzar mi nombre como candidato a la Alcaldía. Y lo, lo que aún es peor, me animaron a que lo hiciera.

No es la primera vez en Cali o en Colombia que el nombre de un periodista suena para ser alcalde o presidente. Quienes nos dedicamos a este oficio tenemos varios “plus” para ser candidatos a cualquier cosa.

Primero, tenemos lo que los lo que los publicistas llaman un buen “top of mind”, o sea una buena recordación entre la comunidad. Segundo, como muchos nos hemos dedicado a luchar contra los corruptos y a decir lo que muchos ciudadanos piensan pero no pueden o no quieren decir, existe una gratitud por esa labor. Y, cuando se ejerce el oficio con rigor, se consigue el mayor premio, que se llama credibilidad

También tenemos un buen grado de conocimiento de la ciudad o del país en el que actuamos. Lógico, si uno se dedica a hablar de los temas nacionales o locales durante un buen tiempo, de algo tiene que enterarse.

Y, por último, muchos periodistas resultan buenos candidatos. Apenas natural, tienen buena capacidad de expresión, saben qué decir y cuándo decirlo y se desenvuelven bien ante los micrófonos y ante las cámaras.


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Por eso muchos en Colombia y en Cali han dado el salto del periodismo a la política. A nivel nacional Alberto Lleras, Andrés Pastrana y  Juan Lozano., entre muchos otros.  La última colega que se animó a una candidatura presidencial fue Vicky Dávila, aspiración que arrancó muy bien pero que terminó desinflándose.

A nivel local, el caso más notable es el del cubano José Pardo Llada, un verdadero fenómeno de la comunicación que luego se convirtió en un fenómeno político. 

En los años 70 Cali se paralizaba a mediodía cuando Pardo lanzaba sus diatribas en su programa Mirador en el Aire. Mi abuela, una flemática dama bugueña no permitía que nadie musitara palabra entre la 1 y las 2 pm, cuando Pardo estaba al frente del micrófono.

Ante semejante popularidad Pardo optó por desembarcar en la política y creó su Legendario Movimiento Cívico, con el cual llegó a conquistar 8 de las 12 curules que entonces tenía el Concejo de Cali.

Pero no fue el único caso. John Maro Rodríguez fue otro que hizo el tránsito del micrófono a la política y llego a ser alcalde de Cali. Al padre Gallo también intentaron convencerlo de que postulara su nombre y tuvo la inteligencia de no dejarse tentar por esos cantos de sirena.

En fin, que un periodista se deje tentar por la política no es algo insólito en este país. Respeto profundamente a quienes dieron ese paso, que en algunos ha resultado afortunado y en otros, desastroso. 

Toda esta carreta, que otros llamarían contexto, la echo para anunciar que no tengo la menor intención de seguir los pasos de esos colegas. Primero por Cali y segundo por mí.

Siento que uno tiene que prepararse para manejar una ciudad tan compleja como Cali. Tiene que recorrer sus calles, escuchar a la gente, enterarse de primera mano de sus problemas. Es ideal haber pasado por el Concejo, para conocer cómo opera ese órgano y preferiblemente haber desempeñado algún cargo en la Administración.

Yo, que tengo mil defectos, poseo la virtud de tener claras mis virtudes y mis carencias. Y, en consecuencia, no me siento preparado en lo más mínimo para gobernar a Cali.

Pero como no quiero quedar como un filántropo, admito que tampoco me tienta la idea. Luego de haber laborado 40 extenuantes años en un periódico, en donde el trabajo es 24/7, no me llama la atención embarcarme en otro trabajo que exija semejante consagración. 

Hoy sigo haciendo periodismo, que es lo que realmente me gusta en la vida y estoy convencido que a través de mis programas y mi columna puedo seguir prestándole un servicio a Cali y a Colombia. 

Con la gran ventaja de que ahora gozo de total independencia, no tengo jefes y manejo mi horario.

A quienes creen que yo podría ser un buen alcalde Cali les agradezco su generosidad. Y a quienes esa perspectiva les parecía un estropicio les digo, tranquilos, no va a pasar.

Lo que sí espero es que el año entrante escojamos a alguien que ame esta ciudad como la amo yo, pero que tenga lo que yo carezco: la preparación, la experiencia, las ganas y la visión para manejar las riendas de esta ciudad tan compleja como apasionante.

Si no aparece nadie con ese perfil, de golpe hasta reconsidero esta decisión. Y hasta tengo la frase de batalla: “Por una Cali sin pillos, vote por el Martillo”

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