Colombia y Venezuela quieren revivir una relación comercial que movió US$7.000 millones

Colombia y Venezuela quieren revivir una relación comercial que movió US.000 millones

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Durante el Congreso Empresarial Colombiano de la Andi, realizado la semana pasada en Cartagena de Indias, Jorge Jaller, embajador de Colombia en Venezuela designado por Abelardo de la Espriella, habló sobre el momento que atraviesa la relación entre los dos países y las oportunidades que se abren para Colombia en medio de la situación venezolana. Su mensaje tuvo un eje claro. Después de años de distanciamiento, la relación económica se está recuperando, pero el reto no es simplemente vender más, sino construir una relación estable que permita producir, invertir y crecer a ambos lados de la frontera.

Colombia y Venezuela comparten 2.219 kilómetros de frontera terrestre y, en el pasado, llegaron a mover cerca de US$7.000 millones en comercio bilateral. Esa cifra se alcanzó en 2008, antes de que la relación económica y política sufriera una fuerte caída.

Según las cifras presentadas durante el Congreso, el intercambio comercial cayó hasta apenas US$222 millones en 2020. Después comenzó una recuperación; llegó a US$741 millones en 2022, subió a US$1.124 millones en 2024 y alcanzó aproximadamente US$1.170 millones en 2025. Para 2026, los gremios proyectan que el comercio entre ambos países podría llegar a US$1.600 millones.

Gráfico LR

Antes de hablar de negocios, la presentación llamó la atención sobre la emergencia humanitaria venezolana. Allí se reportaron 5.398 venezolanos fallecidos al 24 de junio y cerca de 1 millón de personas que requieren ayuda humanitaria inmediata. También se indicó que el plan de respuesta humanitaria de Naciones Unidas para 2026 necesita US$931 millones y solo había cubierto 39% de esa cantidad.

El mensaje fue que Colombia, por su cercanía y por los vínculos históricos entre las dos sociedades, tiene una responsabilidad especial. La relación no puede medirse únicamente en exportaciones, inversiones o crecimiento económico. Detrás de las cifras hay familias, trabajadores, empresas y comunidades de frontera que han sentido directamente las consecuencias de años de crisis.

El documento presentado en el Congreso calcula US$19.600 millones en pérdidas acumuladas, equivalentes a 18% del PIB de Venezuela de 2023. También estima US$2.842 millones en exportaciones no realizadas y alrededor de US$1.970 millones en pérdidas regionales, concentradas principalmente en cuatro departamentos colombianos. A esto se suman costos financieros, logísticos y de oportunidad que superarían los US$20.000 millones.

Venezuela se mueve, pero los problemas siguen

La exposición también mostró señales de recuperación dentro de Venezuela. Sin embargo, advirtió que todavía existen dificultades que pueden frenar una expansión rápida de los negocios.

Entre ellas aparece una inflación interanual de 544,13%, problemas con el acceso a divisas, baja capacidad de compra, restricciones en algunas operaciones bancarias y una economía en la que muchas empresas trabajan con dificultades para planear sus costos y precios.

Por eso, una de las ideas centrales fue avanzar con prudencia. Se plantea como punto de equilibrio un comercio bilateral de entre US$2.000 millones y US$3.000 millones al año, un nivel que permitiría impulsar la actividad económica sin generar un crecimiento difícil de sostener. La meta propuesta es combinar comercio con producción local, empleo e inversión.

Empresas venezolanas vuelven a mirar hacia la inversión

Uno de los datos que más llama la atención está relacionado con la capacidad productiva que todavía existe en Venezuela. De acuerdo con las cifras expuestas, la industria utiliza apenas 48,4% de su capacidad instalada, mientras 51,6% permanece ociosa.

Al mismo tiempo, 68% de los empresarios consultados tiene planes de inversión y las empresas estiman un crecimiento promedio de 13,6%. Los sectores con mayor disposición para invertir son el farmacéutico, con 67%; maquinaria y equipo eléctrico, con 61%; alimentos, con 53%; bebidas, con 50%; automotor, con 47%, y químico, con 33%.

Reconstrucción abre un mercado de gran tamaño

La reconstrucción venezolana aparece como uno de los grandes frentes de oportunidad. Solo en materiales y equipos, se estima una inversión de entre US$800 millones y US$1.200 millones, además de entre 1,5 y 2 millones de metros cuadrados de superficie que necesitarían reparación.

A esto se suma una demanda estimada de 300.000 toneladas de cemento y aproximadamente 120 kilómetros de carreteras y vías. Entre los productos y servicios necesarios aparecen materiales de construcción, vidrio, cerámica, plásticos, tuberías, transformadores, cableado, equipos de energía y servicios de telecomunicaciones.

La idea, sin embargo, no es que Colombia llegue a reemplazar a las empresas venezolanas. El planteamiento presentado ante los empresarios es trabajar con ellas y aprovechar las capacidades de ambos países.

El campo también aparece como una oportunidad

Otro de los sectores destacados fue la agroindustria. Venezuela cuenta con aproximadamente 25 millones de hectáreas aptas para actividades agrícolas, pero solo unas 1,14 millones estarían cultivadas, según los datos presentados.

Además, existe un déficit de maquinaria agrícola de entre 70% y 80%, mientras más de 70% del parque de tractores tendría entre 18 y 25 años de antigüedad. Esto abre posibilidades para empresas colombianas que producen o comercializan maquinaria, repuestos, fertilizantes y asistencia técnica.

Comercio, salud y medicamentos también ganan espacio

El consumo venezolano es otro mercado que comienza a mostrar señales de movimiento. Para 2025 y 2026 se proyectó un crecimiento del comercio minorista de entre 10% y 12%, mientras el abastecimiento en los puntos de venta estaría entre 80% y 85%.

Otro dato importante es que entre 45% y 55% de las transacciones se realizan en dólares. En el sector farmacéutico, la utilización de la capacidad instalada alcanza aproximadamente 67%, lo que muestra tanto una recuperación como espacio para crecer.

Productos colombianos como alimentos, artículos para el hogar, cuidado personal y medicamentos tienen posibilidades en ese mercado, especialmente por la cercanía geográfica y la posibilidad de realizar despachos terrestres desde departamentos como Norte de Santander y La Guajira.

Petróleo y energía

Pero quizás una de las oportunidades más grandes está en el sector energético. La presentación señala que recuperar la infraestructura petrolera venezolana podría requerir inversiones cercanas a los US$100.000 millones.

La producción venezolana fue ubicada en cerca de 1,02 millones de barriles diarios, con una meta de entre 1,2 y 1,5 millones, lo que podría generar una mayor demanda de servicios, bienes de capital, productos químicos y equipos especializados.

Para Colombia, la oportunidad no necesariamente estaría en competir por operar los grandes campos petroleros, sino en participar como proveedor de servicios, tecnología, maquinaria, químicos, mantenimiento e infraestructura.

Una hoja de ruta hasta 2028

La propuesta presentada ante los empresarios plantea una estrategia de tres años. 2026 sería el año de entrada, enfocado en responder a las necesidades más urgentes, avanzar en contratos en divisas y aprovechar la capacidad productiva que todavía existe en Venezuela.

2027 sería el año de la escala, con producción conjunta, mayor operación empresarial, homologación de estándares y certificaciones, y ampliación de mercados.

Finalmente, 2028 sería el año de la consolidación, con contratos entre empresas de ambos países, un portafolio de productos binacional, exportaciones conjuntas hacia terceros mercados y una estructura productiva más difícil de romper ante futuras crisis.

Tres acciones para comenzar desde ahora

El planteamiento no quedó únicamente en proyecciones. También fueron propuestas tres acciones concretas. La primera es “Renacer”, una red nacional de asistencia, contingencia y reconstrucción de Venezuela que permitiría coordinar empresarios, organismos internacionales y entidades financieras.

La segunda es una alianza entre gremios y productores de materiales e insumos de construcción, con el objetivo de conectar la demanda venezolana con empresas que puedan atender las necesidades de reconstrucción.

La tercera consiste en crear una mesa binacional permanente entre la Andi, Conindustria y la Cámara de la Construcción de Venezuela, acompañada por la Embajada y ProColombia, para que las oportunidades no dependan de gestiones aisladas.

“Hay que quitarle la sábana al fantasma y estudiar a Venezuela con rigor”

Jorge Jaller, embajador de Colombia en Venezuela, se refirió al estado de la relación entre los dos países, las posibilidades para el sector empresarial, el papel que podría tener Colombia en la reconstrucción venezolana y los sectores que ofrecen mayores oportunidades.

El diplomático insistió en que la relación debe construirse desde la confianza y con beneficios para ambos países. También invitó a los empresarios colombianos a estudiar el mercado venezolano antes de descartarlo y aseguró que existe espacio para fortalecer el comercio, desarrollar proyectos conjuntos y avanzar en sectores como agroindustria, turismo, petróleo y gas, minería y energía.

¿En qué estado encontró las relaciones entre Colombia y Venezuela?

Creo que esta es una oportunidad hermosa para Colombia de poder trabajar con muchísimo respeto y consideración con un pueblo hermano, un pueblo al que quiero muchísimo.

Nos unen las mismas costumbres gastronómicas, la idiosincrasia, el lenguaje, la misma zona horaria y tenemos más de 2.219 kilómetros de frontera compartida. Incluso compartimos cosas tan lindas como el amor por Bolívar.

Mi visión es trabajar bajo una estrategia de “océano azul”, con una visión binacional, con muchísimo respeto y consideración. Colombia ha sido el país que mejor ha recibido a las personas que han venido de Venezuela, así como los venezolanos también recibieron a los colombianos años atrás.

Hoy hay muchas familias conformadas por colombianos y venezolanos, personas con doble nacionalidad y vínculos muy fuertes entre los dos países. Lo más lindo que podemos hacer es trabajar conjuntamente y mirar el vaso no medio vacío, sino medio lleno.

En medio de la emergencia provocada por los terremotos, ¿qué papel puede cumplir Colombia en la reconstrucción de Venezuela y viceversa?

Estamos ante una situación humanitaria difícil y todos tenemos que ayudar, sin importar la nacionalidad, en la reconstrucción de ambas naciones.

Ha sido muy linda la solidaridad expresada por tantos colombianos que, dando mucho o poco, se han volcado a ayudar. Lo mismo ha sucedido en Venezuela y también hemos visto ayuda internacional.

Hay un mensaje que la humanidad debe recordar en estos momentos por encima de cualquier otro interés: primero está la vida. Es momento de grandeza y nobleza.

También debemos pensar cómo queremos construir nuestro futuro para que nuestros hijos y las próximas generaciones encuentren una verdadera posibilidad de integración.

En Europa uno puede pasar entre España y Francia o entre España y Portugal sin encontrarse con las barreras que tenemos en América. Nosotros tenemos que comenzar a soñar con un continente cada vez más integrado.

Creo profundamente en las posibilidades del desarrollo binacional, en el potencial de la Orinoquía y en el desarrollo de Cúcuta, incluso pensando en posibilidades como una zona franca binacional y proyectos conjuntos que permitan aprovechar nuestra ubicación.

¿Cuál debería ser la hoja de ruta para reactivar y fortalecer la relación económica binacional?

En este momento todos tenemos que estudiar las oportunidades que existen de ambos lados.

Hay empresas venezolanas que están creciendo de manera muy positiva en Colombia. Tenemos ejemplos como Polar y Farmatodo, que han desarrollado grandes plataformas en nuestro país. De la misma forma, nosotros deberíamos estudiar a Venezuela.

Tenemos una ventaja enorme: el mismo horario, el mismo lenguaje, costumbres similares y una idiosincrasia muy cercana.

Lo que debemos buscar es construir conjuntamente con nuestros hermanos venezolanos un crecimiento que beneficie a las dos naciones. Tenemos que potencializar las virtudes de cada país y multiplicar las sinergias entre Colombia y Venezuela.

El comercio bilateral llegó en sus mejores años a cerca de US$7.000 millones. ¿Es posible regresar a esas cifras?

Esa cifra nos inspira a creer que podemos hacerlo nuevamente, juntos, con convicción.

Hay oportunidades muy grandes. Por ejemplo, Colombia tiene la posibilidad de comprarle gas a Venezuela para utilizarlo en nuestras termoeléctricas y generar energía. Una parte de esa energía podría consumirse en Colombia y otra podría regresar a Venezuela.

Eso permitiría construir una relación en la que ganen los dos países.

Venezuela tiene una capacidad de gas muy importante y Colombia tiene infraestructura térmica que puede utilizarse para generar energía. Podemos encontrar fórmulas que generen confianza entre ambas naciones.

Entonces, ¿Colombia está interesada en traer gas de Venezuela?

Colombia está interesada en que ese gas pueda utilizarse para generar energía y que parte de esa energía pueda regresar a Venezuela.

El mensaje no es simplemente comprarle gas a Venezuela. Tenemos que construir relaciones de confianza. No se trata de beneficiar solamente a Colombia, sino de beneficiar a Colombia y a Venezuela.

Tenemos que hacerlo con empatía y fraternidad para que se beneficien los dos pueblos. Estamos hablando de alrededor de 80 millones de personas entre los dos países. Podemos ser la mejor esquina de América.

¿Cómo ve al sector empresarial colombiano frente al fortalecimiento de la relación con Venezuela?

Esa es mi mayor invitación: que todos estudiemos Venezuela con rigor y con ojos de oportunidad.

Lo he llamado una estrategia de “océano azul”, porque existe una oportunidad inmensa de construir conjuntamente, con fraternidad y empatía, un mayor bienestar y progreso para más de 80 millones de personas entre Colombia y Venezuela.

La idea es que los dos pueblos salgan beneficiados. Para lograrlo también se necesita infraestructura física, financiera, digital y de comunicaciones. ¿En qué condiciones se encuentra Venezuela para avanzar en esa integración?

Tenemos que ir por partes. Primero debemos estudiar y tener un diagnóstico claro porque estamos hablando de dos realidades distintas. A partir de esas realidades tenemos que construir juntos y encontrar las áreas en las que existen fortalezas de ambos lados.

Pensar que los venezolanos tienen menos capacidades o menos talento que los colombianos sería un error estratégico absoluto. Venezuela tiene gente muy talentosa y preparada. Yo he realizado 14 viajes a Venezuela durante el último año y medio y puedo decir que hay cosas muy lindas y oportunidades enormes.

Está el turismo, el desarrollo agropecuario, la agroindustria y la posibilidad de hacer turismo conjunto. Venezuela tiene lugares que cualquier país del mundo quisiera tener, como Los Roques, Margarita, el Salto Ángel y Canaima.

También podemos trabajar conjuntamente en minería, exploración de petróleo y gas, agro y comercio. Hay una oportunidad gigantesca, pero debe desarrollarse con empatía y absoluto trabajo en equipo.

Entonces, ¿cuáles serían los sectores más fuertes de esta nueva relación?

Turismo, agroindustria, petróleo y gas, minería y comercio. Son sectores en los que existen oportunidades importantes para trabajar de manera conjunta.

¿Qué papel podría tener Estados Unidos dentro de este nuevo escenario venezolano?

No podría decir cuál será el papel de Estados Unidos porque sería especular sobre algo que no conozco. Creo que debemos concentrarnos en quitarle el miedo a Venezuela. Hay que quitarle la sábana al fantasma y estudiar Venezuela con rigor.

Los empresarios deben darse la oportunidad de analizar ese mercado. Después de estudiarlo, si una empresa decide que no quiere hacer operaciones en Venezuela, es una decisión válida. Pero no estudiarlo es un error.

Tenemos que mirar lo que esta relación puede representar para Colombia, para el crecimiento económico y para la reducción de la pobreza. Venezuela puede convertirse en uno de los motores importantes para que el PIB colombiano crezca.

En lugar de concentrarnos en asuntos que pueden restar, debemos aprovechar la oportunidad que estamos viviendo y lograr que la gente, por lo menos, estudie Venezuela y entienda lo que puede significar para el país.

¿Cuál será su hoja de ruta durante los próximos tres o seis meses para fortalecer la relación con Venezuela?

Hay algo que debemos aclarar: Colombia ya tiene una relación con Venezuela. Las fronteras están abiertas y están funcionando. Lo que tenemos que hacer ahora es trabajar con mayor convicción para que más personas y empresas estudien el mercado venezolano.

Tenemos que traer misiones comerciales de Venezuela a Colombia y llevar misiones comerciales de Colombia a Venezuela. Debemos comenzar a fortalecer todavía más el intercambio comercial. La tarea ahora es ponernos en una posición de estudio, análisis, convicción y pasión para lograrlo, porque ya lo hicimos antes y podemos volver a hacerlo.

¿Cuál sería, entonces, el mensaje para los colombianos y empresarios que todavía miran a Venezuela con desconfianza?

Que nos miremos con otros ojos. Con ojos de confianza y no de desconfianza. Tenemos que estudiar las oportunidades, entender las capacidades que existen de ambos lados y construir juntos.

Colombia y Venezuela tienen una historia compartida, una frontera de más de 2.200 kilómetros y millones de personas unidas por relaciones familiares, culturales y económicas. La oportunidad está ahí. Ahora hay que estudiarla, construir confianza y trabajar conjuntamente.

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