Después de este logro para la ciencia médica, ¿qué reflexión hace sobre la tecnología, la inteligencia artificial y la medicina, hoy cuando se habla de un desplazamiento o superposición de la tecnología sobre la capacidad humana?
La tecnología llegó para quedarse, pero la decisión humana siempre la superará, ya que en casos muy individualizados la tecnología puede quedarse corta ante las decisiones que los humanos sí pueden tomar. La inteligencia artificial potencia la posibilidad de ayudar mejor al paciente, disminuye los tiempos de toma de decisiones y ayuda a reducir el riesgo de que algo se pase por alto. Sin embargo, actualmente es imposible delegar el 100% de la toma de decisiones médicas a la tecnología debido a la seguridad y a las alucinaciones que presenta la inteligencia artificial, por lo que siempre debe estar controlada. El orden ideal debe ser adquirir primero el conocimiento y luego usar la inteligencia artificial; el error actual es intentar adquirir el conocimiento a través de ella, lo que genera pérdida de información, de seguridad y una peor captación del conocimiento.
A nivel personal, ¿cómo define este logro y qué retos se cumplieron?
Es muy satisfactorio porque permite mostrar lo que los humanos pueden hacer cuando cuentan con apoyo y tranquilidad para desarrollar sus habilidades. Más allá de los titulares o de ser el primero, lo valioso es seguir siendo la misma persona, el mismo médico. El compromiso es seguir aprendiendo y ayudar a más pacientes a tener mejor calidad de vida.
“El robot no reemplaza al ser humano; por el contrario, actúa como un aliado fundamental que potencia las habilidades innatas del cirujano, permitiéndole ver mejor, maniobrar con mayor precisión y mantener una postura óptima”.
¿Cómo es esa combinación entre bacteriología, medicina, tecnología e inteligencia artificial? ¿Cómo combina estas pasiones al mismo tiempo?
El punto de encuentro de todas estas áreas es la educación. La bacteriología aporta bases de investigación, conocimiento de gérmenes, células, biología molecular y genética; al sumarle la medicina, la oncología y la neurocirugía, se genera una mezcla importante. Con el apoyo de la inteligencia artificial y la educación, se facilita la producción de conocimiento. Actualmente, el doctor ha escrito tres libros y trabaja como editor de dos de las mejores revistas de neurocirugía del mundo, analizando artículos globales y emitiendo conceptos para publicaciones internacionales.
¿Cuándo podría darse este tipo de cirugías en Colombia o qué tan cerca o lejos se está de usar esta tecnología en el país?
El capital humano en Colombia ya existe, hay cirujanos espectaculares. Aunque en el país existen tecnologías como el robot Da Vinci, este no se utiliza en neurocirugía. Para que esta tecnología llegue a Colombia se requiere una convergencia entre la intención empresarial, las políticas de salud y el apoyo al capital humano para que pueda acceder a estos entrenamientos y tecnologías, los cuales actualmente no están disponibles en el país. Espero que sea pronto.
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