El récord que desmontó el espectáculo de De la Espriella

El récord que desmontó el espectáculo de De la Espriella

Abelardo de la Espriella convirtió la entrega de firmas para su candidatura presidencial en un evento de exhibición política. Con camiones blindados, transmisiones en vivo y discursos grandilocuentes, aseguró haber alcanzado un respaldo ciudadano “sin precedentes” con más de cinco millones de apoyos para el movimiento Defensores de la Patria.

Sin embargo, el informe técnico de la Registraduría terminó derrumbando esa narrativa. De las 5.049.855 firmas radicadas, 3.071.747 fueron anuladas por inconsistencias, irregularidades y errores formales. El dato no solo representa un rechazo del 62%, sino que marca el mayor número de firmas invalidadas en la historia electoral de Colombia.

El reporte de la Dirección de Gestión Electoral evidenció miles de registros duplicados, cédulas inexistentes, nombres incompletos y planillas mal diligenciadas. La magnitud de los errores dejó en entredicho la capacidad organizativa de una campaña que se presenta como defensora del “orden y la disciplina”.

Aunque la candidatura sigue vigente porque superó ampliamente el mínimo legal requerido, el golpe político es evidente. La diferencia entre el discurso de rigor institucional y el resultado técnico de la recolección abrió interrogantes sobre la transparencia y el control interno del proceso.

La comparación histórica agrava el impacto. Incluso campañas ampliamente cuestionadas en el pasado, como la de Germán Vargas Lleras en 2018, registraron menos firmas anuladas. De la Espriella terminó superando ese antecedente por más de 300.000 registros inválidos.

La controversia no quedó en el terreno estadístico. El episodio provocó solicitudes ante el Consejo Nacional Electoral para revisar la inscripción de la candidatura, bajo señalamientos de presunta mala fe en la radicación masiva de documentos irregulares.

El caso terminó convirtiéndose en una paradoja política: una campaña construida alrededor de la imagen de autoridad y control quedó marcada por el mayor desorden documental jamás registrado en un proceso de recolección de firmas en Colombia.

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